jueves, 7 de agosto de 2014
ANALIZANDO EL PROBLEMA DEL FUTBOL PERUANO
Hace poco días terminó el mundial de fútbol
Brasil 2014, donde todos sabemos se coronó campeón la poderosa escuadra alemana
liderada por Joachim Löw, su humilde y
efectivo director técnico. Para ser sinceros, desde las eliminatorias para el
mundial de Francia 98, exactamente desde que Perú perdió 4 a 0 ante la
selección chilena en Santiago, el
entusiasmo por el fútbol ha ido decayendo considerablemente en mí. Esto debido
a la cuita inmensa, al dolor profundo, al sabor amargo que me dejó tan terrible derrota, ya
que sólo necesitábamos un empate, un minúsculo empate, y estábamos clasificados
al mundial, después de más dieciséis (16) años en ese entonces.
Los siguientes encuentros oficiales de nuestra blanquirroja, eran más de lo
mismo, se empezaba bien y poco a poco, en el fragor de las justas
eliminatorias, se evidenciaba nuestra triste realidad. Los medios de
comunicación hacían lo imposible por
seguir en este negocio tan lucrativo que es la selección peruana de fútbol
y todo lo que el fútbol es capaz de mover y generar, económicamente hablando; e
inclusive para seguir atormentándonos o en su defecto, haciéndonos creer que
estamos en el país de las maravillas del fútbol, se presentaban brujos, chamanes,
pitonisos, adivinos donde luego de sus ademanes aseguraban que el Perú era
ganador antes de cada partido; hasta las mentes gemelas aseguraron en el año
1998 que el Perú clasificaba al mundial
Korea Japón 2002 y, como vemos, ante la cruda realidad, creer esto, resulta la
estulticia más grande;aunque a algunos nos gusta sentirnos estúpidos, sólo por
la mera ilusión de ver a once peruanos jugar en un mundial de fútbol.
Todos sabemos que no vamos a un mundial desde
España 82, es decir aproximadamente treinta y dos (32) años, varias
generaciones de peruanos no han visto una selección peruana de fútbol en un mundial; son muchos años, pero nadie
entiende cual es el problema de fondo. A diferencia de los comentarios
sazonados por la inercia propia de la
cólera y la desazón, emitidos por los disque eruditos en el fútbol,
representados normalmente por los comentaristas de la prensa escrita y
televisiva, incluyendo algunos ex seleccionados peruanos, puedo expresar mi
punto de vista con algunos factores determinantes en el momento de la acción, en el momento de ganar
los partidos, porque para clasificar se necesita ganar cada partido, y para eso
se tiene que estar preparado.
Desde mi nimio entender en este deporte, describo
algunos factores que pueden ser los causantes de esta penosa realidad:
1) Falta de Responsabilidad y escasa
estructura moral de nuestros jugadores
Aquí tenemos mucho que trabajar, si
pudiéramos medir a través de un indicador la responsabilidad de los
seleccionados peruanos, podemos estimar que
estamos en un nivel promedio de 3 de un total de 10.
2)
Carencia de jugadores de calidad
Después de la extraordinaria generación de
jugadores de la década de los Setenta, no hemos tenido un grupo humano con la
exquisita calidad de aquellos exiguos futbolistas. Salvo la aparición
esporádica de algunos dotados por la divinidad, de aquel talento que nos hace
admirar el fútbol. Particularmente el último genio del fútbol peruano que
recuerdo, es el Poeta de la Zurda, César
Cueto. Sencillamente fantástico. Pero ¿Qué estamos haciendo para que aparezcan
jugadores de calidad y cada año? ¿Qué
hace la Federación Peruana de Fútbol? ¿Qué hace la Asociación de Fútbol? ¿Qué
hace el gobierno central? ¿Los gobiernos regionales o locales? ¿Qué hace la Sociedad
Civil? ¿Qué hacen las empresas privadas? ¿Qué hacemos los ciudadanos de pie?
Acá nos gusta el fútbol, pero no respiramos fútbol, como los argentinos, los
brasileños, alemanes o ingleses. Sin
desmedro a lo comentado, en el Perú salen jugadores con un talento innato.
Sobre todo en zonas donde los niños
tienen la libertad de jugar libremente. Uno de esos lugares es el Callao. He
tenido la oportunidad de vivir en una de las zonas más futboleras del Callao, Chacaritas. A veces peloteaba con los muchachos y
realmente era impresionante verlos jugar. Todos eran unos maestros con la
pelota y jugaban sincronizadamente,
fuera de la facha o los tatuajes, estos jóvenes tenía un talento innato
con la pelota, y realmente estaba convencido que estos muchachos podrían
ser buenos jugadores de fútbol, pero la
desidia, la falta de oportunidad impedía este gran salto.
Deberíamos quizás trazarnos la
meta de conseguir o formar jugadores de calidad, con técnica y talento
demostrable y que empiecen a jugar al fútbol desde muy temprana edad. Para eso,
la escuela cumple un rol importantísimo, los gobiernos locales también.
Campeonatos en los colegios, posteriormente
a nivel distrital, luego provincial y departamental auspiciados por la empresa
privada, con metas claras con indicadores de gestión para ver el avance, sería
una buena opción. La contratación de personas que sepan de fútbol tanto futbolistas
como entrenadores, comprometidos en este gran sueño. Cuando Nicolás Delfino o Burga (no recuerdo
bien) inauguraron la Villa Deportiva Nacional ( VIDENA) fue un logro importante
para el fútbol nacional ¡ Eso
dijeron! Y la idea principal era la
preparación y formación de futbolistas de calidad. Como decía mi abuela, la Práctica hace al maestro, necesitamos
niños que practiquen el fútbol más tiempo, que existan la infraestructura
adecuada, canchas de fútbol, y no solamente lozas deportivas; necesitamos un
liderazgo organizacional orientado a mejorar la calidad del futbolista peruano.
Una estructura nacional, que la FPD inicie este arduo trabajo con miras a unos
10 a 20 años.
3)
Baja Autoestima del Jugador
Cada vez que veo a una selección
peruana de fútbol jugar de visitante, sobre todo con los argentinos, los
chilenos, los uruguayos, los paraguayos y brasileños; puedo percibir el miedo,
temor, terror que sienten estos peruanos. Pasó en Chile cuando mientras cantaban
nuestras sagradas notas del himno nacional, nuestros jugadores emanaban un
miedo sepulcral. Quiero volver a ver a mi selección con esa clase de los
grandes, con esa clase por ejemplo, de
Velásquez, Cueto, Uribe, Malasquez entre otros.Iban a cualquier estadio, de
cualquier país y siempre mostraban ese porte, ese garbo, esa picardía al jugar,
sin temor al rival; por ejemplo cuando eliminamos a la Argentina en la misma Bombonera para el mundial de México
70 al empatar dos a dos; o cuando
Argentina nos empató casi en las postrimerías del partido para el Mundial México
1986, fuimos testigos de esa irreverencia de Cueto o del Patrulla Barbadillo. A
pesar de haber empatado y quedar eliminados, me dio gusto ver a la selección con esa presencia en la
cancha.
¿Pero qué pasa ahora? ¿Qué pasa en las mentes de los jugadores
peruanos cuando se enfrenta con todas las selecciones, sobre todo de
visitante?
Quizá la respuesta pasa por una
falta de autoestima y la percepción de un nivel inferior con respecto al rival,
y esto se traduce en miedo, desconcentración y nerviosismo al jugar. La
realidad es que salvo escasas excepciones, nuestros jugadores provienen de
hogares disfuncionales, con padres
separados, incapaces de formar al niño con amor y ser el soporte emocional del
pequeño; se crece así, temeroso ante la incertidumbre y ante algo o alguien
aparentemente más fuerte o más poderoso. Fuera de las canchas pasa también algo
parecido: ¿Cómo explicar que la foquita salga a ventilar sus relojes de 5 mil dólares,
o su casaca de cuero de 15 mil dólares? ¿Qué quiere demostrar con eso?.
Un cambio mental es imprescindible, un cambio
donde se inculque que somos herederos de una tierra formidable, de una cultura
de poderosos Incas que dominó a muchas culturas; que el Incanato abarcaba
Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina; y que somos portadores de esa
fortaleza y esa entereza. Debemos creernos que somos capaces de lograr lo
impensado, que con trabajo y talento podemos realizar partidos extraordinarios;
y que no importa con quien nos enfrentemos, siempre mantendremos la
tranquilidad, serenidad, picardía y talento en el jugar. Los expertos deben
trabajar en las mentes de los seleccionados.
Es hora de que la Selección peruana vuelva a
tener un cuerpo técnico que trabaje realmente con un esquema planificado en
todo su accionar. Que sea férreo en sus convicciones y que sea inflexible con
la indisciplina. Ninguno de los últimos
entrenadores extranjeros que hemos tenido por ejemplo: José Masías Pepe,
Popovic, Paulo Autuori, Maturana y el Mago Markarían, han demostrado una
firmeza y una agudeza mental con la idiosincrasia del futbolista peruano. Se
debe prevenir el accionar erróneo para no lamentarse luego. El estilo de Bielsa
por ejemplo sería excelente; o el de Pinto, con gran performance en el último
mundial. No necesitamos un entrenador amigo del jugador, necesitamos que el
entrenador sea un jefe que tenga colaboradores fidelizados, y eso se
trabaja con perseverancia y firmeza. Además con un plan de trabajo a corto,
mediano y largo plazo; con acciones concretas de monitoreo y seguimiento. Adicionalmente este
plan debe propagarse para las categorías menores.
5)
Prensa irresponsable
Quizá el factor más dañino para nuestros
jugadores de fútbol, es la prensa peruana. Esta prensa que no escatima
esfuerzos por ensalzar sin ton ni son, a aquellos zagales que se inician en el
fútbol. Los suben tan rápido a la cima de la popularidad y la fama, que estos
pequeños mentales, se dejan zarandear y mecer, creyendo que la felicidad es la
fama o el ser reconocido en la calle; pero no importa. La idea es vender más
ejemplares, la venta es la venta, que vengan las ganancias, todo esto es un
negocio. Además se aprovecha inteligentemente las ansías que tiene esta
sociedad melodramática de tener ídolos, aunque estos sean de barro, o
simplemente de papel, de papel de periódico.
Los medios de comunicación escrito, radial y televisivo en contubernio se unen para
malograr a estos jugadores. Para muestras un botón : Rei Manco; veía una
avalancha de portadas ¡Viva el Rei! ¡ O
Rei Del Mundo! ¡ El Rei Manco! Cuando este señor aun no había ganado
absolutamente nada y a la luz de lo visto, parece que no ganará nunca nada,
pena por el Perú y por supuesto por él. ¿Recuerdan a Waldir? ¿A los nuevos Potrillos? ¿ Recuerdan a los cuatro
fantásticos? ¿ Qué ganaron?. Es
realmente la muestra más clara de la estupides de la prensa barata, de la
prensa chicha y de la no tan chicha. En Psicología Social a esto se llama Dale a la gente lo que le gusta ;y la prensa sin escrúpulos crea toda
estos reinos imaginarios.
La prensa debe ser más discreta, debe ser
cauta y desde luego debe reconocer su rol preponderante en la sociedad peruana,
y si toma conciencia de esta situación
podría ayudarnos muchísimo.
6)
Incapacidad dirigencial
Puedo asegurar que cuando hablamos de Manuel
Burga, todos nos podemos de acuerdo. Podemos decir que este señor es un incapaz
por todos los fracasos en su gestión. En realidad todo ha sido fracaso tras
fracaso, porque no hemos ganado nada, absolutamente nada; salvo este honroso
tercer lugar en la última copa América de Argentina, que nos dio una gran
ilusión. Pero si la gestión de Burga es un desastre ¿ Por qué continua como el
máximo representante de la Federación Peruana de Fútbol?. La respuesta es
simple. Por la incapacidad brutal de todos los jefes de las federaciones
departamentales cuyas conciencias son alquiladas por unas cuantas monedas,
viajes u otras gollerías que son pagadas por el mandamás. Debería existir una
escuela para dirigentes, que contribuya a formar líderes capaces de hacer florecer nuestro fútbol. Líderes con
las hagallas suficientes para hacer respetar una actuación de la selección
peruana y que no nos coloquen árbitros con determinado favoritismo. Necesitamos dirigentes que suden también la
camiseta y no se vean envueltos por el glamour que otorga gratuitamente el fútbol,
eso se lo dejamos a Cristiano Ronaldo o David Beckham. Todo esto será posible
con una clase dirigencial honesta y trabajadora, que quiera transcender y no llevarse
el dinero en balde. Esperemos que nuevos aires visiten a la FPF, aires que
aromaticen lo que allí se está pudriendo, porque sino este hedor llegará a todos los rincones de país,
incluso a aquellos hermanos que no saben que es el fútbol.
Estas son algunas causas de la paupérrima situación
de nuestra selección peruana de fútbol y que todos sospechamos. Pero obviamente,
quizá el trasfondo de esta realidad, tiñe un manto
de misterio en la que intervienen más actores. Lo que si dejo en evidencia, es que después
de sentirme tan mal luego de la eliminación en Francia 98, me dije a mi mismo, ¡Nunca
más me entusiasmaré con una selección peruana! ¡ Nunca más apreciaré un partido
de fútbol de la bicolor con mis amigos! ¡Nunca más gritaré: Gooool Carajo! ¡Nunca más me sentiré mal! Sin embargo en el frenesí de cada partido y en el epílogo de cada justa
eliminatoria, un impulso desbordante se
apodera de mi ser, y vuelvo a decir al unísono: ¡Jugamos como nunca y Perdimos
como Siempre, malos de mier…coles.!
domingo, 6 de julio de 2014
GLORIOSO C.N 7 DE ENERO : EL INICIO
El
otoño del año mil novecientos ochenta y ocho ( 1988) inicié este
sempiterno vínculo emocional con el gran centro base, Colegio Nacional 7
de Enero, mi gran colegio secundario. Era el prólogo de una las obras más
importantes de mi vida. Fue sin duda alguna, el fuerte útero educativo donde se
iba gestar el conocimiento, las emociones y el aprendizaje de este nuevo feto
cognitivo : un nuevo SieteEnerino se había concebido.
La
primera vez que ingresé al 7 de Enero no fue el día de inicio de clases
oficial. Ingresé con dos semanas de retraso. Era costumbre de mi madre
llevarnos de vacaciones a la capital en los meses de enero a marzo; sin
embargo, siempre nos quedábamos pasada la Semana Santa o en su defecto,
retornábamos siempre y cuando la carretera Panamericana Norte estaba
transitable. Como sabemos en verano se incrementan las lluvias y, en ese
tiempo, las quebradas o ríos se desbordaban afectando el estado de la
Panamericana.
Mi
padre había logrado matricularme y fui asignado a la sección C, a Primero
C. Recuerdo que ese dia lunes estaba en un estado de ansiedad importante,
estaba angustiado, quería saber si es que en mi salón, había algún compañero o
compañera de mi escuela primaria: La Tres (03).
Recuerdo
que nos hicieron formar en las afueras del plantel, nos ordenamos por
año, de izquierda a derecha. En el extremo izquierdo estábamos los primariosos,
y en el extremo derecho los alumnos de quinto año. Derrepente una voz
peculiar y enérgica hacía notar su autoridad. Era uno de
los supervisores o auxiliares, cuyo rostro dracroniado y
malhumurado contrastaba admirablemente con la pulcritud en su vestir. Estaba allí,
impertérrito, sobrio, elegante. Se apellidaba Tarquino y era como un padrasto,
un padrasto malo. Esa fue mi primera impresión, la impresión de un niño de
solo diez (10) años de edad. Después pude comprender que ese era un
rol que debía sostener, era un papel escénico en esta extraordinaria
película que era formar la conducta de los alumnos, era necesario ser así;
generalmente los primariosos éramos muy tranquilos y tímidos,
pero algunos alumnos de años superiores, al parecer tenían un
comportamiento que acariciaba el diez (10) en conducta.
Iniciamos
el transito al interior del 7 de Enero, entramos de manera lenta y
ordenadamente, como era la primera vez que ingresaba, pregunté la ubicación del
aula del Primero C y me dijeron : "camina defrente y luego volteas a la
izquierda" (sic). Pude llegar a mi salón sin problemas, era un aula
precaria, de tripley y techo de eternit, el tripley aun estaba húmedo por
efectos de las lluvias. Mi sección colindaba con el aula de Primero B, que
también estaba fabricada con el mismo material. Sin embargo, el salón de
Primero A, era de material noble ( ladrillo y cemento) y estaba ubicado a
unos cuarenta metros a la derecha de mi salón. En total éramos siete (7 )
secciones de primer año: A, B, C, D, E, F y G. Sólo las tres primeras
íbamos en la mañana, el resto en el turno tarde.
Cuando
entré por primera vez al salón vi rostros conocidos y me sentí más tranquilo.
La angustia inicial sucumbía ante la faz de niños conocidos, me empecé a sentir
como en mi escuela primaria, me empecé a sentir como en casa. Francisco
Benedicto Yacila Lomas ( Pancho), Patricia Saavedra Natahals( Paty) , Carmen
Elena Alvarez Morales ( La Alvarez), José Antonio Espinoza Castillo ( Tombo),
Yelssy Montenegro Alvarado, Marie Dios Medina( Borrega) entre otros, eran los
púberes que me dió una indescifrable alegría verlos en mi salón.
Recuerdo
a mi profesor de matemática, el Profesor Castillo un enjuto y
largirucho docente, fanático del Club Universitario de Deportes y de su ídolo
máximo, el gran Lolo Fernández. Era tan fanático de Fernández, que
cuando jugaba fútbol, se colocaba una malla en la cabeza y emulaba a tal
exiguo futbolista peruano. El Loco Castillo, era su apodo. En su momento era un profesor muy
particular, su rostro reflejaba el paso del tiempo, hacia que las
temibles matemáticas no asusten, hacía que no sean tan serias, si no por
el contrario, el profesor Castillo tenía la magia de hacer que las matemáticas
sean un chiste, una broma, un pasatiempo divertido. Recuerdo una
clase de conjuntos, exactamente el tema era relacionado al conjunto vacío,
el profesor pregunta ¿Quién puede mover las orejas sin mover
la cabeza? . Nosotros pedimos un ejemplo y el profesor empezó a mover las
orejas y, efectivamente no movía para nada la cabeza. Nosotros
nos reíamos al ver los gestos en su rostro que hacían notoria sus arrugas y que acompañaban a ese singular reto. Al ver que nadie de los alumnos hizo lo indicado, dijo: "Eso
es un conjunto vacío. Cuando ningún elemento cumple con una condición
dada". La sorpresa para él fue que yo me armé de valor y alcé mi manita.
-
Profe, yo puedo mover las Orejas-
-Alumno
Yacila no creo que lo haga, pero intente- me comentó.
- Yo
empecé a mover las orejas sin mover la cabeza. El profesor Castillo
esbozó una risa, signo de sorpresa y, magistralmente redirigió la clase diciendo:
"Si al menos un elemento cumple con una condición, ese conjunto ya no es
vacío." Mi abuelo paterno me había enseñado esa técnica, como
recompensa por sacarle algunas canas; canas que por cierto he heredado en
demasía y que ostento sin complejos modernos.
La
Clase de Conjuntos, de Números Naturales, de Operaciones con Números Enteros,
Operaciones con Monomios, Polinomios, Factorización o Reducción de
Polinomios se conviertan realmente en una puesta de escena de los mas ínclitos
humoristas, al final el gran profesor Castillo cumplía con su objetivo, que
aprendamos esa materia de manera divertida, que descubramos poco a poco a
la la reina y esclava de las demás ciencias, LA MATEMATICA.
sábado, 14 de junio de 2014
GLORIOSO C.N 7 DE ENERO : LA PREVIA
A
finales del año 1987 yo terminaba mi educación primaria, la misma que la
realicé en una modesta y acogedora escuela: el Centro Educativo Carlos Vásquez Villaseca Nro 18, y que por un
motivo que desconozco todos los zagales la conocíamos como La Tres (03). Mi
memoria alberga recuerdos sinceramente muy entrañables de mi instancia en La
Tres. Recuerdo a mi Profesora Teresa García —Q.P.D.G— una mujer que daba una
imagen que combinaba magistralmente la ternura y la firmeza al momento de
educar y enseñar. También recuerdo que en el fenómeno del Niño del año 1983, mi
escuela fue inundada completamente por la quebrada de Corrales. Todos los
salones estaban llenos de barro y lodo. La escuela quedó inutilizada desde
abril hasta agosto de ese trágico año. En el iterín, es decir de abril a
agosto, teníamos que desarrollar las clases en los alrededores de la escuela. Para
esto aprovechábamos los cuatro
algarrobos que estaban cerca de la puerta. Recibíamos las clases al aire libre,
no habían sillas, nos sentábamos en unas piedras, terrones o pequeños
montículos formados por la quebrada, aunque algunas compañeras llevaban su silla
respectiva. En el árbol de algarrobo se
colocaba una pizarra y mi profesora Teresa iniciaba la clase, la misma que era adornada
por el mágico canto de los pajarillos —negritos, chilalos, zoñas y algunos
chocacos— , también de vez en cuando caía una algarroba o algunos desechos orgánicos
de los pajarillos, causando la mofa y la risa hacia el niño afortunado, en cuyo
cuerpo se impregnaba la sustancia pegajosa.
Con
ayuda de varias motobombas se llegó succionar el agua y el barro de mi escuela; sin embargo, la mitad de la misma quedó debajo del suelo.
En
Sexto grado mi profesora fue Maritza Jiménez Barreto, una profesora muy joven, y
adicionalmente muy hermosa. Yo no era uno de sus engreídos, lamentablemente.
Ella tenía predilección por una compañera muy aplicada, y además muy ordenada,
con una letra muy bonita y considerablemente grande. Sus cuadernos eran pulcros,
sin mácula, sin ninguna hoja con oreja de chancho y los títulos de las clases
en sus cuadernos eran adornados por un resaltador amarillo. Julissa Fernández
Rosillo, era un niña muy inteligente y además tenía el apoyo incondicional de
varios de su hermanos, ella nos decía que su hermano "Bomba" la ayudaba
siempre. Julissa ocupó el primer puesto en aprovechamiento y en conducta; en los
ojos de su madre y de sus hermanos yo veía
la alegría y la admiración por los logros de una de sus menores hijas.En realidad todos ellos eran muy aplicados.
Para
mí, estar en el Colegio Nacional de Enero me llenaba de orgullo. El sólo pensar
que mi enjuto cuerpo y mi pusilánime mente iban a transitar por las aulas del
colegio, me emocionaba en demasía. Salir de mi pequeña y humilde escuela para
entrar y seguir mis estudios secundarios en el gran Centro Base, simplemente
era alcanzar casi la gloria. También me
sentía ansioso. Mi proclive imaginación de 10 años de edad, construía en mi
pensar un conjunto de historias, tramas, cuentos, en las que todos los niños de
las distintas escuelas de educación primaria de Corrales, sobre todo aquellos
que habían ocupado los primeros puestos, ingresaban al primer año de educación
secundaria e iniciaban una lucha de gladiadores del saber y del conocimiento;
normalmente en esas batallas yo era el perdedor. Y es que de las escuelas más
humildes y precarias, la mía era la más humilde y precaria.
Nuestra
fiesta de promoción de primaria la hicimos en el Local del Consejo Distrital de
Corrales. Algunos compañeros como por ejemplo Víctor Valencia Aquino, Flor Yovera Silva, Henry
Astudillo, José Antonio Espinoza Castillo, Hower Castillo Silva, Teresa, La
Chira, Griselda, entre otros, llegaron
elegantísimos; otros lamentablemente no participaron. Nunca nos habíamos visto
así de guapachosos, parecíamos extraños, exageradamente extraños. Antes de asistir
a la ceremonia, recuerdo que mi abuela
materna me colocó mi corbata michi, sacó de su bolsillo una latita de vaselina,
introdujo su dedo y extrajo una generosa cantidad de esa sustancia, la frotó
con sus manos, y me empezó a acariciarme el cabello. Mientras lisonjeaba mi indomable
cabellera, me decía: “Te ves como todo un ingeniero“, “Serás un ingeniero, hijo
mío”. Mi abuela fungía de pitonisa, pero
más que eso, ha sido una persona cuya estructura moral, carácter sencillo y
rigidez en la crianza, ha marcado y delineado esta vida mía.
La
fiesta fue amenizada con el equipo de sonido de un señor que le decíamos la Pintona. Era
un señor amable y respetuoso; bailamos
los temas del momento: “Dile”, ”Zancudito
Loco”, “Samaritana del Amor”, ”Humo del Cigarrillo”, ”A mover la Colita”, ”El
Carrito” entre otros temas de antaño. Mi pareja de promoción fue mi sobrina (que
era mayor que yo) Jenny.
Ese
día, un 22 de diciembre de 1987 fue la última
vez que estuvimos unidos la mayoría
de alumnos de mi sección, los mismos que habíamos compartido innumerables
anécdotas en nuestra escuela La Tres. Sólo quedaba esperar el nacimiento de nueva etapa de nuestras vida. Una vida
académica en el Centro Base Colegio Nacional 7 de Enero. Lo que siempre habíamos
anhelado, siempre habíamos querido;
estar allí, en las aulas de concreto armado. Escuchar las clases de varios
profesores; habíamos querido que nos llamen "primariosos", habíamos querido salir
del Colegio Nacional 7 de Enero luego de
la jornada de clase diaria, regresar por la Calle Hilario Carrasco e inflar el
pecho y llenarnos de inmensa ínfulas — de las buenas y sanas —, de sentirnos
orgullos que los moradores y la gente nos mire con nuestros cuadernos y digan : ¡allí van los nuevos Siete Enerinos!
domingo, 1 de junio de 2014
GLORIOSO C.N 7 DE ENERO : PARTE I
Observando con pausado sigilo las fotografías que algunos
compañeros o conocidos míos han colocado en una red social, mi mente
empezó a trasladarse en el tiempo. Sí,
es como si una máquina del tiempo me trasladase a una época extraordinaria de
mi baladí existencia: La etapa de mi educación
secundaria, en el glorioso Colegio Nacional 7 de Enero, uno de los centros bases de Educación Técnica de Tumbes,
ubicado exactamente en el distrito de
Corrales, mi tierra natal; y que muy pronto celebrará su onomástico número cincuenta .
La nostalgia — dicen los expertos— es uno de los acicates que
impulsa al ser humano a plasmar, ya sea en poemas, ensayos, en pinturas, en
música y en otras manifestaciones físicas, el sentir del corazón del hombre.
Dice un proverbio bíblico: “La boca habla
de lo que el corazón rebosa “ ; y creo que hoy por hoy, al ver los rostros —ya
matizados por el tiempo— de mis compañeros, he sentido ese impulso descontrolado
por escribir algunas memorias acerca de mi experiencia en mi Alma Mater.
Abría mis ojos por primera vez muy temprano. Todos los días
nuestra alarma natural me despertaba a las 6:30 de la mañana. Era el canto
frenético de los gallos de pelea de un excelente profesor: Clemente Chávez Mego;
que vivía al frente de mi casa. Raudamente y con la insoportable preocupación
por el tiempo y la puntualidad inculcada por mi abuela, dejaba mi cama, si tenía
las sandalias cerca me las ponía, si no,
a pata limpia no má; aunque
esta última situación no era del agrado de la Olguita, mi querida madre.
Agarraba un jabón de tocador o jabón Pacocha —realmente no veía, ni me
importaba la diferencia — y salía de mi
añorada casa, directamente a unos de mis lugares predilectos, el canal de
irrigación, simplemente llamado Canal. El tramo de mi casa al Canal
era relativamente corto, unos doscientos (200) metros aproximadamente y, normalmente
iba con un short simple, sin polo y generalmente
descalzo. Bordeaba la Quebrada y caminaba sobre las grandes rocas que se habían
colocado como muro de contención ante un posible desborde. Mientras caminaba o
trotaba, tenía que mirar hacia abajo con el objetivo de evitar que los abrojos—especie de espinas— se impregnaran en las plantas de mi pies. También
habían restos de vidrios desperdigados por el camino, asi pues la esperanza mía
de no verme afectado, dependía de la agudeza visual de mis retinas; aunque para
ser sinceros tengo los estigmas de los abrojos y los vidrios en mis pies. Si ocurría
un corte, usaba el polvito mágico: La Arena — no había antibiótico, antiinflamatorios ni
otros químicos—. A escasos treinta
metros había un arenal, tomaba un puñado
bien nutrido de arena y lo colocaba en la parte herida. No sé cómo, pero era muy efectivo.
En el trayecto era común encontrarme con lagartijas, jañapes,
capones, hasta colambos — especie de serpiente— que asomaban repentinamente, moviendo las escasas hojas de bejuco que crecía entre las rocas. Todo esto formaba parte del paisaje habitual.
Más o menos a diez (10) metros de distancia del Canal, aceleraba
el paso, corría con más entusiasmo—agarraba vuelo (sic) — y me lanzaba directamente al agua. Había una altura de aproximadamente cinco (5) metros desde donde me tiraba hasta tocar
las frescas aguas del Canal. El agua del
Canal en ciertas épocas era muy limpia se podía ver el fondo. Estaba en
el agua casi treinta (30) minutos, una
decena de clavados, saltos mortales, los famosos flip
flap—saltos medios mortales para atrás—, nadaba de orilla a
orilla y, era feliz, muy feliz. En ocasiones comentaban que habían visto a un
lagarto—llamado también cocodrilo de Tumbes— sacar la cabeza fuera del agua y,
que se escondía debajo del puente, eso a veces me atemorizaba, pero
al final las ganas y el ímpetu de bañarme a gusto y totalmente gratis en
una piscina natural, era más fuerte que el temor.
El regreso a casa era a
prisa, tiritaba de frío, a pesar del radiante sol, regresaba corriendo. La
Olguita, ya me tenía preparado unos de los potajes más exquisitos y con alto contenido de proteínas y carbohidratos:
Un plato generoso de Majao con Pescao (sic). El
pescado era frecuentemente la Sierra
bien dorada y era acompañado con su exagerado jarro de Avena Quaker con manzana y que combinaba interdiariamente con naranja. Ese almuerzo, perdón, desayuno quise decir, me
mantenía con el estómago tranquilo hasta pasada la 1:00 pm. No había
propina para el colegio, ni tampoco un cómprate algo en el cole, menos mal. No llevaba nada de dinero,
realmente no lo necesitaba. Lustraba mis zapatos con un afán desmedido,
agarraba mi mochila —del año anterior— y salía por la puerta posterior,
la puerta que nos separaba la casa del corral, un corral que no estaba cercado, un
corral al aire libre.
El camino al colegio tendría una distancia de novecientos (900) a
mil (1000) metros. En los primeros doscientos cincuenta (250) metros, el paso
constante de la gente —generalmente campesinos y alumnos— habían formado una
trocha relativamente angosta; ambos lados de la trocha, eran acariciadas por
las omnipresentes plantas de bejuco. Lagartijas, pacasos, sapos, capones, eran las distracciones del camino. En
ocasiones me encontraba con una adolescente muy agraciada; tenía una mirada muy
dulce y en su sonrisa el brillo de una línea de oro adornaba magistralmente sus dientes, era la frágil y pequeña Cristina,
una adolescente con un grado superior al mío. En la trocha sólo caminábamos uno a la vez,
por lo que generalmente el que entraba primero en la trocha se mantenía así hasta
el final de la misma. También me encontraba con mis compañeros Juan Carlos
Carreño, Mirtha Gómez; ellos vivían en el centro poblado de Buena Vista Baja.
Antes de llegar al molino de Corrales, pasando la Gallera,
proseguía el camino pero esta vez ya sin bejucos, era un camino de tierra y
parte de arena. Pasábamos por el Bar de Bereche, caminábamos unos trescientos
(300) metros y subíamos una pequeña pendiente.
Al llegar a esa pendiente—que formaba parte del muro de contención de la
Quebrada— se podía visualizar mi Colegio. El 7 de Enero estaba al otro lado de
la quebrada. Al costado del camino, estando parado en esa pendiente, había un árbol de algarrobo con dos grandes
rocas; era muy frecuente observar al mítico orate de Corrales —el Loco Manrique, Q.E.D.G— con sus
cuadernos y unos treinta (30) lapiceros
en los bolsillos de su camisa. Estaba parado esperando el inicio de las
clases. En su imaginación creo yo, él era un puntual, disciplinado y
responsable alumno de secundaria. Los mayores comentaba que su estado mental se
agravó con los estudios; sin embargo, otros comentaban que fue a raíz de un
golpe en la cabeza.
El Loco Manrique hablaba cosas relacionadas al colegio y sacaba frecuentemente
su lengua mostrando una hoja de una planta —al parecer era de
menta o de perlillo— . Era inofensivo, pero en determinados momentos, que coincidían
con la posición de la luna, empezaba a gritar a los que lo mirábamos. Creo que
estaba loco.
Bajamos la pendiente, ese tramo era la ruta de la quebrada, es
decir, atravesábamos el camino que seguía la quebrada. Mis zapatos ya estaban sucios, por la tierra y la
arena. La Olguita siempre me colocaba en mi bolsillo un pañuelo ideal para
estos menesteres. Sinceramente sentía mucha emoción el saber que iba aprender algo nuevo. Ese
tramo del camino a veces era abrupto, dependía de la estación del año y
de la quebrada. Si había corrido la quebrada, simplemente nos sacábamos los
zapatos y caminábamos por los lugares con menos barro. Si no, básicamente
trataba de levantar menos polvo y arena al caminar.
Al llegar a las inmediaciones del Colegio, veía llegar alumnos
por los cuatro puntos cardinales. Bajaban del Tablazo, de Pueblo Nuevo, las
góndolas —microbuses de transportes — dejaban a los alumnos que venían de San
Jacinto, Pechichal, Cristales, Realengal, San Franciso, Malvales. También los
alumnos que venían del centro de Corrales, de la Garita, de San Isidro, de la Jota,
los Cedros, de Cabeza de Vaca, de Buenos
Aires, de San Martín. También venían de Buena Vista Alta y Baja. Si era lunes,
teníamos que, además de formar estrictamente, izar el pabellón y entonar
las sagradas notas del himno nacional. Con frecuencia recibíamos la perorata y
la soflama extraordinaria aunada a los admirables consejos de una gran
profesora y/o auxiliar, le decían la “Maricucha”.
Yo estaba en la sección “C” probablemente la sección con el
rango de edad mayor, con adolecentes lazarillos y jacobinos, como los hermanos Zorros, los hermanos PanceLeches, el pato Villar Barba, Céspedes
Castro. También estaba Hugo Alemán Oviedo, Segundo Alipio Carrillo Herrera,
Francisco Benedicto Yacila Lomas, Jaime Chichay, Dios Tinoco, Atoche, Roberto Rugel Zevallos entre otros compañeros.
Definitivamente también contábamos con las adolescentes más agraciadas o bonitas
de todo el Colegio, según mi nimio gusto
y entender. Estaban Jessenia Quevedo
Malmaceda, Hidolay Olaya Pardo, Carmen Elena Álvarez Morales, Anita Aguayo,
Jelssy Montenegro Alvarado, Paola Clarita Olaya Zapata, Elena Aguilar Martínez,
Patricia Saavedra Nathals, la Peña Quevedo,
Liliana Infante Montoya, Amada Esperanza Dios Dioses, por nombrar algunas.
Entrábamos ordenadamente a nuestra Alma Mater con la mente
dispuesta a recibir los conocimientos de nuestros sacrificados e inolvidables profesores.
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viernes, 23 de mayo de 2014
ANALIZANDO EL ESTRES
Recientemente tuve la magra
experiencia de transitar por un estado de salud no muy agradable. Desperté un
domingo y, de repente todo me daba
vueltas. Me acordé cuando subí por primera y última vez a un juego mecánico, la
silla voladora, allá tan lejos en el tiempo, cuando era un niño. Sencillamente
no podía estar de pie, e inclusive tenía que estar acostado en una determinada
posición, de lo contrario venían nuevamente los mareos. Exactamente lo que
tenía era Vértigo Posicional Paroxístico,
un estado de alucinación del cerebro, originado básicamente por una
inflación del oído interno, que es el responsable del equilibrio. Estuve cuatro
días acostado y, sin el ajetreo cotidiano de mi vida; estaba allí, sosegado, motivándome
yo mismo, recibiendo el cuidado abnegado
y el amor de mi esposa, el cariño de mi
madre, leyendo poemas de Gustavo Adolfo Becker; y escuchando un sin números de
reportes científicos de aquel extraño cuadro médico.
Pude ver un informe del Programa Redes, acerca del Stress y
realmente fue un informe muy bien elaborado, donde pude conocer más sobre esta
enfermedad. Quiero compartir está información con ustedes.
Imaginemos por un momento que
estamos en los inicios de la humanidad, hace aproximadamente unos veinte mil (20
000) años. Formamos parte de aquellos primeros humanos que andaban errantes en
busca de alimento. Estamos en una de las vastas praderas africanas, cuando de
repente aparece un León y tiene los signos externos de estar muy hambriento.
Nuestro cerebro—que es una extraordinaria fuente de químicos— se pone en
alerta. Si, en estado de Alerta. Se dispone a enfrentar al León o, en su defecto,
salir corriendo a gran velocidad. Tan
sólo en milisegundos nuestro cerebro ordena que nuestro cuerpo tome posición
ante el inminente ataque. En primer lugar, nuestro cerebro a través de las neuronas, manda una señal al Hipotálamo
para que se comunique con la glándula Pituitaria.
La glándula Pituitaria genera una hormona llamada Corticotropina. Esta hormona
viajará por todo el sistema nervioso parasimpático avisando del peligro. Segundo,
una vez que la glándula Suprarenal
recibe el mensaje de auxilio, genera dos hormonas en el torrente sanguíneo: La
Adrenalina y el Cortisol. Luego se une
la Noradrenalina. Estas hormonas son las
responsables de todo este estado especial.
La Adrenalina aumenta la frecuencia cardiaca y
respiratoria; la Noradrenalina genera que nuestros sentidos se agudicen,
nuestras pupilas se dilatan y nuestros músculos se ponen rígidos y tensos. Es
decir estamos listos para el ataque o huir.
El Cortisol tiene un efecto con más
aristas. Lo que hace es aumentar la cantidad de glucosa en el cuerpo—se sobre
entiende que vamos a necesitar una mayor cantidad de energía—; también promueve
la liberación de Dopamina. La Dopamina es la hormona del placer, se segrega también después de las relaciones
sexuales. Esta hormona es la responsable del grado de satisfacción que tenemos
cuando cumplimos una meta o superamos un reto.
En definitiva, nuestro cuerpo se
ha convertido en solo segundos en un cóctel químico, que nos prepara para el
ataque. Este sistema, es decir, la forma de su funcionamiento nos ha permitido salir
airosos de los ataques de leones o de otras bestias. Fuimos diseñados para
responder ante una eventualidad, ante un peligro. Este estado se conoce como
Stress Estacional y, como vemos es muy positivo para nosotros.
Pero ¿Qué pasa cuando todo este
conjunto de hormonas se segregan constantemente en nuestro organismo? ¿Acaso
estamos viviendo en el tiempo de las cavernas? Pues bien, al parecer la vida
actual conlleva al estado de alerta constante. La presión en el trabajo, el tráfico
vehicular, las deudas por tarjetas de créditos, los estudios, las frustraciones
entre otros agentes, generan en nuestro cuerpo un estado de alerta casi
perenne. Esto quiere decir que el Cortisol estará en nuestro cuerpo por tiempos
prolongados, generando mayor glucosa en sangre—riesgo de diabetes—, muerte de
las neuronas responsables de la memoria, escases de la Dopamina y Serotonina—generando
depresión y apatía—; músculos atrofiados por la tensión prolongada etcétera.
Este estado se conoce como Stress Crónico y, como vemos es el perjudicial para
la Salud.
Déjeme decirle que algunas características
de los síntomas yo los tengo y, quizá usted también; asi que hago una
recomendación: Vivir el ahora, tan simple como sea posible. Ayudar a las
personas, dejarse abandonar por el amor de verdad, sin coacciones y,
acercarse al Dios eterno, es decir
practicar una vida espiritual. Entender que las penas del pasado y las
preocupaciones del futuro, impiden que vivamos el ahora de manera libre y
tranquila; sinceramente si llegamos hacer esto,
habremos superado un umbral muy importante para nuestra salud y nuestras
vidas.
miércoles, 2 de abril de 2014
¡Bolos, de cola, tamarindo, piña y coco!
Los meses de enero, febrero y marzo eran meses con una singular dosis de emoción y esfuerzo físico, al menos para mí. El "Sol del Norte", hacía notar su presencia; se expresaba con voz altisonante y se dejaba escuchar con las ínfulas propias de su embestidura, pues es el rey: el astro rey. Nuestra estrella demostraba en el primer trimestre de cada año, toda su ternura, su majestuosidad y su amor ígneo.
En vacaciones continuaba levantándome muy temprano, siete de la mañana. Mi rutina era simple. Apenas me despertaba agarraba el jabón —pacocha — y me dirigía al canal de irrigación. Me bañaba en las tibias aguas del canal y practicaba varios saltos mortales. Regresaba, tomaba mi desayuno, me ponía a leer un libro—Escuela Nueva, el Nuevo Testamento o cualquier otro libro que hubiese— y como a las 9:30a.m, emprendía mi camino hacia la casa de una tía, a la cual, yo le vendía "bolos" — también llamados: marcianos,chupetes, batitubos—
Salía de mi humilde casita con un entusiasmo envidiable. Caminaba bordeando mi escuela por un camino donde se atravesaban de manera frecuente: lagartijas, capones, pacazos. Generalmente llevaba un short simple, un polo blanco y mis inseparables zapatillas marca Venus—las mismas que había utilizado en todo el año escolar — . Saludaba a mi tía, y ella empezaba a sacar de su refrigeradora marca INRESA, los bolos, los mismos que iba acomodando con delicada precisión en la caja de corcho, ideal para estos menesteres. Normalmente colocaba 30 a 40 bolos en la caja. En este tiempo el costo era en Intis, pero si hacemos una equivalencia, el costo de cada uno bordeaba los 50 céntimos.
Al salir de la casa me persignaba, como dándome las buenas vibras para obtener un magnífico día en ventas. Iba por un callejón que colindaba con la casa del señor Machuco. Me dirigía al parque central de Corrales, y empezaba el cántico característico:
¡Boooolosss. Bolos de cola, tamarindo, piña, coco. Booooooooooolos!
Era imperante venderlos antes de las 12: 00 pm, el hambre apremiaba a esa hora, y además por el gran calor, los bolos empezaba a deshelarse y casi nadie te compraba un "bolo aguao".
Me sentaba debajo de un árbol de matasonso, esperando a las personas que venían de Tumbes o en su defecto, aquellos que se iban para allá. ¡Boooolosss. Bolos de cola, tamarindo, piña, coco. Booooooooooolos!.
La primera venta era una gran emoción, agradecía a Dios; pero también ocurría un inconveniente cuando el cliente no pagaba con sencillo. Si esto era el caso, le pedía por favor al señor Gálvez o la señora Maracana, para que me cambien, no se debía perder el cliente.Ellos tenían una carretilla en el parque donde vendían golosinas.
Si las ventas no se desarrollaban como lo esperaba, podía tomar uno de estos dos caminos: irme al cuartel, donde generalmente los soldados del Ejército hacían sus ejercicios o, irme camino a Tumbes, hasta el Puente el Piojo, esperando a los agricultores y poderles ofrecerles los bolos para aplacar la sed.
El sol era incesante, realmente era muy fuerte, sentía que mi cabeza estaba muy caliente, y a pesar de eso, mis pasos seguían fuertes y mi voz chillona continuaba:¡Boooolosss. Bolos de cola, tamarindo, piña, coco. Booooooooooolos! durante todo el trayecto.
Varias veces me encontraba con amigos, como la Cuca, Bonilla, Marilao, la Clota, Patita de Jebe, Erin Escobedo, Quenque entre otros amigos boleros.
Muchas veces vendí todos los bolos, otras veces, me hicieron la "roña", otras veces de la sed me comía dos o tres bolos. También habían adultos tan palomillas, que aun estando yo cerca gritando ¡Boooolosss. Bolos de cola, tamarindo, piña, coco. Booooooooooolos!; preguntaban : ¿Donde habrá un bolero? .Me ilusionaban, al final solo era una broma.
A las 2:00 pm regresaba donde la tía, y le llevaba el dinero de la venta. Por vender 40 bolos me ganaba 4 soles. Eran cuatro soles, recuerdo que una parte servían para comprarme mis figuritas del Álbum "El Mas y el Menos", un álbum espectacular; y la otra parte se la daba a mi querida madre. Ella definitivamente le daría un mejor uso. Después de dos años mi padre compró una refrigeradora, y en ese momento los bolos los empezamos a vender en casa. Empero, algunas veces me venían las ganas y salía con mi caja de corcho a seguir vendiendo los bolos. Mi niñez, pues, está gratamente marcada por las aventuras vividas mientras vendía bolos, un conjunto de anécdotas sin igual. Muy al fondo en mi alma aun hay una voz que resuena y grita entusiasmada ¡Boooolosss. Bolos de cola, tamarindo, piña, coco. Booooooooooolos!
Salía de mi humilde casita con un entusiasmo envidiable. Caminaba bordeando mi escuela por un camino donde se atravesaban de manera frecuente: lagartijas, capones, pacazos. Generalmente llevaba un short simple, un polo blanco y mis inseparables zapatillas marca Venus—las mismas que había utilizado en todo el año escolar — . Saludaba a mi tía, y ella empezaba a sacar de su refrigeradora marca INRESA, los bolos, los mismos que iba acomodando con delicada precisión en la caja de corcho, ideal para estos menesteres. Normalmente colocaba 30 a 40 bolos en la caja. En este tiempo el costo era en Intis, pero si hacemos una equivalencia, el costo de cada uno bordeaba los 50 céntimos.
Al salir de la casa me persignaba, como dándome las buenas vibras para obtener un magnífico día en ventas. Iba por un callejón que colindaba con la casa del señor Machuco. Me dirigía al parque central de Corrales, y empezaba el cántico característico:
¡Boooolosss. Bolos de cola, tamarindo, piña, coco. Booooooooooolos!
Era imperante venderlos antes de las 12: 00 pm, el hambre apremiaba a esa hora, y además por el gran calor, los bolos empezaba a deshelarse y casi nadie te compraba un "bolo aguao".
Me sentaba debajo de un árbol de matasonso, esperando a las personas que venían de Tumbes o en su defecto, aquellos que se iban para allá. ¡Boooolosss. Bolos de cola, tamarindo, piña, coco. Booooooooooolos!.
La primera venta era una gran emoción, agradecía a Dios; pero también ocurría un inconveniente cuando el cliente no pagaba con sencillo. Si esto era el caso, le pedía por favor al señor Gálvez o la señora Maracana, para que me cambien, no se debía perder el cliente.Ellos tenían una carretilla en el parque donde vendían golosinas.
Si las ventas no se desarrollaban como lo esperaba, podía tomar uno de estos dos caminos: irme al cuartel, donde generalmente los soldados del Ejército hacían sus ejercicios o, irme camino a Tumbes, hasta el Puente el Piojo, esperando a los agricultores y poderles ofrecerles los bolos para aplacar la sed.
El sol era incesante, realmente era muy fuerte, sentía que mi cabeza estaba muy caliente, y a pesar de eso, mis pasos seguían fuertes y mi voz chillona continuaba:¡Boooolosss. Bolos de cola, tamarindo, piña, coco. Booooooooooolos! durante todo el trayecto.
Varias veces me encontraba con amigos, como la Cuca, Bonilla, Marilao, la Clota, Patita de Jebe, Erin Escobedo, Quenque entre otros amigos boleros.
Muchas veces vendí todos los bolos, otras veces, me hicieron la "roña", otras veces de la sed me comía dos o tres bolos. También habían adultos tan palomillas, que aun estando yo cerca gritando ¡Boooolosss. Bolos de cola, tamarindo, piña, coco. Booooooooooolos!; preguntaban : ¿Donde habrá un bolero? .Me ilusionaban, al final solo era una broma.
A las 2:00 pm regresaba donde la tía, y le llevaba el dinero de la venta. Por vender 40 bolos me ganaba 4 soles. Eran cuatro soles, recuerdo que una parte servían para comprarme mis figuritas del Álbum "El Mas y el Menos", un álbum espectacular; y la otra parte se la daba a mi querida madre. Ella definitivamente le daría un mejor uso. Después de dos años mi padre compró una refrigeradora, y en ese momento los bolos los empezamos a vender en casa. Empero, algunas veces me venían las ganas y salía con mi caja de corcho a seguir vendiendo los bolos. Mi niñez, pues, está gratamente marcada por las aventuras vividas mientras vendía bolos, un conjunto de anécdotas sin igual. Muy al fondo en mi alma aun hay una voz que resuena y grita entusiasmada ¡Boooolosss. Bolos de cola, tamarindo, piña, coco. Booooooooooolos!
viernes, 27 de diciembre de 2013
LA GRAN DEYSI: CHISPA, TESON Y AMOR
Deysi se crió rodeada del amor incondicional de sus abuelos y de sus tías, pero que, a la luz de la circunstancias, se convertirían en sus padres y hermanas respectivamente.
Cuando empecé a tener uso de razón, recuerdo a Deysi haciendo gala de la chispa y espontaneidad que la caracteriza: "Paya, hay viene la negra tetona", me decía. Ella hasta ahora me dice "Paya", diminutivo de Payaso; en alusión al temor que causaban en mí, estos personajes, cuando íbamos a los circos de carpas parchadas, que llegaban con escasa frecuencia a mi tierra natal. En estos circos era muy frecuente que hermosas mujeres, dancen al ritmo acelerado de un Mambo, o de una Guaracha; y, además, con absoluta autoridad sacaban a los asistentes a participar en cada número artístico que tenían preparado para la ocasión; resulta que una de estas damiselas, de voluptuoso y contorneado cuerpo, de desproporcionadas glándulas mamarias, se acercaba decididamente a sacar a mi enjuto padre. Yo, impresionado, al ver esa avalancha de movimientos corporales, salí despavorido, pensé que esa mujer me iba a llevar lejos, en su circo. Mi padre salió a mi encuentro, yo me puse a llorar como lo que era: un niño de cinco años.
A esa edad, a los cinco años, Deysi había procreado tres hijos; frutos del amor desvelado por su esposo, el prosaico "Canuto", su nombre no está en ningún registro de mi pusilánime memoria, y no he me tomado la fácil misión de conseguirlo, simplemente porque quizá, impregnaría una mácula imborrable en este artículo dedicado a Deysi. Canuto, era un hombre zamarro, procaz al hablar y sobre todo empedernido con las mujeres; solamente bastó que Deysi se enterará de una de estas felonías, para tomar una decisión extraordinariamente firme y pétrea: separarse de él, y además no quiso verlo nunca más en su vida. Y así fue, Deysi borró todos los recuerdos de Canuto, en las fotografías de su hermoso matrimonio y también de su memoria; y además, para sentar su carácter, Deysi decidió no aceptar ninguna disculpas, ni regalos, ni obsequios que le hacia el insulso Canuto.
Deysi crió a sus tres hijos ( Manuel Edilberto, Jenny Julissa, y Edita Jackeline) prácticamente sola. Vivían en un cuarto, con la abuela. Después de un tiempo, y a solicitud de mi tía Hilda, Manuel, su hijo mayor, se viene a la capital para vivir con ellos, el tenía escasos seis años de edad.
Recuerdo a Deysi como una mujer guerrera, una guerrera de verdad; no las imitaciones de mujeres guerreras que vemos en los idiotizantes programas de televisión. Deysi tiene un temple envidiable, fuerte, con valores morales muy profundamente arraigados en su accionar. Esto permitió criar con decisión a sus dos hijas; las mismas que no comprendían en ese momento el porqué de esa forma de ser, pero ahora ya crecidas, veo signos de agradecimiento y asombro hacia su peculiar madre.
Deysi también es el signo y estandarte de la solidaridad con el otro-como mi amada madre- .Que tal tempestad de amor, vocación de servicio y ayuda al enfermo, al pobre, al mendigo y en realidad a cualquier persona. Deysi puede asear a un mendigo que lo necesita, con similar dedicación y entusiasmo que lo haría a su madre o a cualquiera de sus hijos, si es que estos no pudieran hacerlo. Es el amor que ha sufrido una metamorfosis extraordinaria y se ha convertido en mujer, amor de verdad, amor sincero, amor sin esperar nada a cambio; es el buen samaritano de la parábola, de una parábola real.
Recuerdo que a partir de mis once años, todos los domingos, después asistir a la misa y ver el desfile militar en la plaza de armas de Corrales, toda la familia llegaba a la casa de la abuela: mi tía Etelvina y mi tío Pepe -q.e.p.d- ; mi tía Fredesbinda y mi tío Tito; con la mayoría de sus hijos; mi madre y mis hermanos; es decir cerca de 15 personas, visitábamos a la abuela, era unas reuniones muy amenas y divertidas. Yo me subía a unas motos o bicicletas, que algunas personas dejaban al cuidado de mi abuela.Mientras yo iba al corral a buscar algún huevo de gallina, o subirme a la planta de guanábana para sacar algún fruto; se suscitaba en mi endeble pensar un cúmulo de preguntas sobre como iba hacer Deysi para alimentar a tanta gente; empero ella lo hacía con desinhibida naturalidad. Deysi desafiaba las leyes de la materia; de la nada, hacía poco; y de lo poco hacía mucho; en resumen, de la nada hacía mucho; creo sinceramente que Dios le regalaba el arte de hacer los alimentos con un toque especial, con alguna sustancia que permitía que tu estómago se sacie y, además, con lo justo y necesario para todos, para todos, incluyendo los gatos. Su sazón era extraordinaria, le colocaba el mejor sazonador del mundo: El Amor.
Si a esto le sumamos que Deysi tenía un problema de visión, que le impedía ver nítidamente las cosas, esta actividad tornasola entre la magia y la realidad.
Si a esto le sumamos que Deysi tenía un problema de visión, que le impedía ver nítidamente las cosas, esta actividad tornasola entre la magia y la realidad.
Deysi hizo un negocio en la casa de abuela, vendía sus papitas rellenas, su agua de manzana, sanguches de jamonada, caramelos, etcétera. Eso le permitía sacar adelante a sus hijos ¿y Canuto ? ¡No se oye padre!
Por las tardes empezaban los preparativos de los alimentos, y por las noches los expendía con ayuda de Jenny o Jacky, ellas se turnaban para atender. El entusiasmo de cada venta era notorio, sus ojos brillaban de alegría, haciendo un mágico y hermoso contraste con la luz de la vela, o el lamparín a kerosone, que usaba para alumbrar el lugar donde se ejercía esta actividad, ya que era muy frecuente la ausencia de energía eléctrica en Corrales, por aquellos melancólicos tiempos.
Vienen a mis memorias, los momentos en que las pequeñas hermanas discutían frecuentemente por cosas innecesarias, propias de los adolescentes. Yo veían en el rosto de Deysi, una faz acongojada cuando esto ocurría. Ella tenia un cuadro de un niña que estaba llorando. Era un cuadro bien tétrico, era una niña de cabellos castaño, ojos verdes y una mirada que irradiaba un sentimiento muy extraño. Deysi escuchó algunos comentarios aduciendo que por ese cuadro, las hermanas se peleaban; así que decidió fiel a su estilo, romper ese bendito cuadro; y aunque parezca mentira las cosas desde ese momento empezaron a cambiar entre las hermanas Jenny y Jacky.
Recuerdo también las infatigables noches de tertulia y cháchara que sostenía junto a mi entrañable tía Ñaña. No importaba el desenfado y el atrevimiento de los incómodos zancudos, los mismos que aprovechaban un pequeño descuido para impregnar su aguja ponzoñosa y robar algunos milímetros cúbicos de la apreciada sangre de Deysi ¡Ay valienta Pucta! era la expresión entre cólera y risa, ante una picadura de estos perversos insectos, mientras se rascaba con desmedido afán . El carácter risueño, la forma de hablar y expresarse siempre en broma, involucrando a cualquier persona que pasaba cerca de la casa; hicieron que a Deysi y a mi tia Ñaña les pusieran las Vidales.¡ Hola Vidal! ¡Que tal Vidal! se decían entre ellas al momento de saludarse y prácticamente toda la conversación entre ellas, giraba en torno a la broma, la risa y al sarcasmo saludable. Científicamente está comprobado que la mujer necesita hablar y platicar para menguar el estrés y las vicisitudes de la vida; creo que Deysi, sin querer ejercía de manera pragmática esta teoría, lo que le valió ver su existencia y la realidad que atravesaba, con los incólumes lentes de los sabios, es decir, visualizando la vida con gran resolución humana y dogmática.
Vienen a mis memorias, los momentos en que las pequeñas hermanas discutían frecuentemente por cosas innecesarias, propias de los adolescentes. Yo veían en el rosto de Deysi, una faz acongojada cuando esto ocurría. Ella tenia un cuadro de un niña que estaba llorando. Era un cuadro bien tétrico, era una niña de cabellos castaño, ojos verdes y una mirada que irradiaba un sentimiento muy extraño. Deysi escuchó algunos comentarios aduciendo que por ese cuadro, las hermanas se peleaban; así que decidió fiel a su estilo, romper ese bendito cuadro; y aunque parezca mentira las cosas desde ese momento empezaron a cambiar entre las hermanas Jenny y Jacky.
Recuerdo también las infatigables noches de tertulia y cháchara que sostenía junto a mi entrañable tía Ñaña. No importaba el desenfado y el atrevimiento de los incómodos zancudos, los mismos que aprovechaban un pequeño descuido para impregnar su aguja ponzoñosa y robar algunos milímetros cúbicos de la apreciada sangre de Deysi ¡Ay valienta Pucta! era la expresión entre cólera y risa, ante una picadura de estos perversos insectos, mientras se rascaba con desmedido afán . El carácter risueño, la forma de hablar y expresarse siempre en broma, involucrando a cualquier persona que pasaba cerca de la casa; hicieron que a Deysi y a mi tia Ñaña les pusieran las Vidales.¡ Hola Vidal! ¡Que tal Vidal! se decían entre ellas al momento de saludarse y prácticamente toda la conversación entre ellas, giraba en torno a la broma, la risa y al sarcasmo saludable. Científicamente está comprobado que la mujer necesita hablar y platicar para menguar el estrés y las vicisitudes de la vida; creo que Deysi, sin querer ejercía de manera pragmática esta teoría, lo que le valió ver su existencia y la realidad que atravesaba, con los incólumes lentes de los sabios, es decir, visualizando la vida con gran resolución humana y dogmática.
Deysi encontró la compañía de un gran hombre, pero siempre guardó la calma y con cauto reparo se mostraban juntos, pasó mucho tiempo para que ambos puedan ser albergados por un mismo techo.A este hombre de dócil carácter, trabajador y que mostraba profundo amor a los hijos de Deysi, le estoy muy agradecido porque logró salvar a mi madre de una muerte segura, mientras se iba ahogando en el Sifón, un lugar en el recorrido del canal de irrigación con cierto peligro para bañarse .
Deysi logró conseguir un trabajo en una escuela. Se levantaba antes de que cante el gallito chileno que tenía mi abuela, para preparar el desayuno y dejar listo el almuerzo, para sus hijas; este trabajo insufló en Deysi un alivio económico importante, ella es una trabajadora muy eficiente. Recuerdo que querían reducir personal y las autoridades la coaccionaban para que renuncie de manera voluntaria, y a cambio iba a recibir una fuerte suma de dinero como compensación económica. Si no lo hacia - renunciar voluntariamente- de todas maneras la iban a despedir porque era un modus operandis de la obcecada administración de educación de aquella época. Deysi nuevamente mostró el carácter recio, el temple y la fortaleza que se necesita ante estas circunstancias; simplemente dijo ¡NO! ¡si me quieren despedir, que me despidan, pero yo no renuncio! expresó escuetamente. Sabia decisión, y una lectura clara de la vida, el problema de visión que tenía, no le impidió visualizar la verdadera razón de este atropello inicuo.Ella conservó su trabajo, y las amistades que por miedo tomaron la decisión equivocada, se lamentan por tal craso error, y felicitan, admiran y hasta envidian sanamente a Deysi.
Deysi también tiene una imaginación envidiable. Recuerdo que en mayo de 1992, yo participaba en un concurso de matemáticas a nivel distrital representando al glorioso Colegio Nacional 7 de Enero. El examen se desarrolló en la biblioteca municipal y yo estaba sentado en un lugar cerca a la puerta. Deysi ha pasado, me ha visto, ha preguntado que hacíamos allí; y ha ido a la casa de mi abuela con la noticia de que a mi me estaba saliendo humo de la cabeza, de tanto pensar; ¡he visto al paya que le salía humo por el cerebro! Expresaba con su carcajada característica. A la luz de los hechos se ha comprobando que el trabajo intelectual genera mayor interacción entre las neuronas, originando que se eleve la temperatura del cerebro; sin embargo, no es lo suficientemente intensa para generar humo, como expresaba Deysi con su imaginación.
Deysi sacó adelante a sus tres hijos, inculcando los valores prístinos desde pequeños, y aun sigue evangelizando con su amor, su esfuerzo, su alegría, su chispa innata y su envidiable palomillada. Deysi cuidó a mi abuela desde siempre y hasta su inusitada muerte; cuida a mi tío Chito en estos momentos donde la salud es precaria; sin embargo y a pesar de esta coyuntura, Deysi le saca unas sonrisas a mi tío, es decir, le hace pelar las muelas -como decía mi abuelita- .Hoy que estoy crecido y veo a su hijos, sólo puedo expresar algo que decía nuestro señor Jesuscristro: "Por sus frutos los conoceréis". Son hijos agradecidos, bondadosos y encarrilados por el bien. Deysi siempre te va corregir si es que estás actuando mal, y es que, así como los profetas, lleva ese fuego en la sangre para ensalzar las cosas correctas y denunciar las cosas que ella con su gran visión humana, considera que está mal. Deysi es una mujer que ha sido creada por Dios con el barro del amor, la lealtad a la palabra, la firmeza, el esfuerzo, la palomillada a flor de piel, el apodo perfecto para cada ocasión -si no, que lo diga Enrique el popular patillo- ; a mi hijo, el menor sin conocerlo le ha puesto Abel Meque; y otros cientos de apodos que ha puesto con su singular imaginación.
Llevo en mi corazón la imagen de esta gran mujer, de esta prima mía.Siempre andaré por el mundo diciendo: ¡la Deysi, es la Deysi; la Deysi no cree en nadie! Para resumir su carácter y su forma de tratar la vida.Ella ve la vida con una sabiduría heredada de la abuela, ella ve la vida como es : simple y sencilla; con un claro objetivo: ayudar a los demás. Deysi solamente te pido un gran favor, que cuando vaya a Corrales, al esperado Matrimonio-Bautizo-Cumpleaños, no me agarres del copete,no lo pongas hacia atrás, y con tu otra mano, no me des una palmada en mi amplia frente, y no me vuelvas a decir como antaño: ¡ Paya frente Playa!.
Deysi también tiene una imaginación envidiable. Recuerdo que en mayo de 1992, yo participaba en un concurso de matemáticas a nivel distrital representando al glorioso Colegio Nacional 7 de Enero. El examen se desarrolló en la biblioteca municipal y yo estaba sentado en un lugar cerca a la puerta. Deysi ha pasado, me ha visto, ha preguntado que hacíamos allí; y ha ido a la casa de mi abuela con la noticia de que a mi me estaba saliendo humo de la cabeza, de tanto pensar; ¡he visto al paya que le salía humo por el cerebro! Expresaba con su carcajada característica. A la luz de los hechos se ha comprobando que el trabajo intelectual genera mayor interacción entre las neuronas, originando que se eleve la temperatura del cerebro; sin embargo, no es lo suficientemente intensa para generar humo, como expresaba Deysi con su imaginación.
Deysi sacó adelante a sus tres hijos, inculcando los valores prístinos desde pequeños, y aun sigue evangelizando con su amor, su esfuerzo, su alegría, su chispa innata y su envidiable palomillada. Deysi cuidó a mi abuela desde siempre y hasta su inusitada muerte; cuida a mi tío Chito en estos momentos donde la salud es precaria; sin embargo y a pesar de esta coyuntura, Deysi le saca unas sonrisas a mi tío, es decir, le hace pelar las muelas -como decía mi abuelita- .Hoy que estoy crecido y veo a su hijos, sólo puedo expresar algo que decía nuestro señor Jesuscristro: "Por sus frutos los conoceréis". Son hijos agradecidos, bondadosos y encarrilados por el bien. Deysi siempre te va corregir si es que estás actuando mal, y es que, así como los profetas, lleva ese fuego en la sangre para ensalzar las cosas correctas y denunciar las cosas que ella con su gran visión humana, considera que está mal. Deysi es una mujer que ha sido creada por Dios con el barro del amor, la lealtad a la palabra, la firmeza, el esfuerzo, la palomillada a flor de piel, el apodo perfecto para cada ocasión -si no, que lo diga Enrique el popular patillo- ; a mi hijo, el menor sin conocerlo le ha puesto Abel Meque; y otros cientos de apodos que ha puesto con su singular imaginación.
Llevo en mi corazón la imagen de esta gran mujer, de esta prima mía.Siempre andaré por el mundo diciendo: ¡la Deysi, es la Deysi; la Deysi no cree en nadie! Para resumir su carácter y su forma de tratar la vida.Ella ve la vida con una sabiduría heredada de la abuela, ella ve la vida como es : simple y sencilla; con un claro objetivo: ayudar a los demás. Deysi solamente te pido un gran favor, que cuando vaya a Corrales, al esperado Matrimonio-Bautizo-Cumpleaños, no me agarres del copete,no lo pongas hacia atrás, y con tu otra mano, no me des una palmada en mi amplia frente, y no me vuelvas a decir como antaño: ¡ Paya frente Playa!.
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