viernes, 8 de mayo de 2020



¿VENIMOS DE LAS ESTRELLAS?  






Resumen
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Es increíble pensar que, al fin y al cabo,  estamos constituidos de elementos químicos como el hierro, calcio, oxígeno, magnesio, entre otros. Pero resulta más increíble aun, el saber que estos elementos químicos no se originaron en nuestro querido planeta, sino que provienen de lugares insospechados y que su presencia en este planeta y en nosotros mismos tiene un matiz de milagro.

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Mi mente alberga un acontecimiento singular que ocurrió hace ya varios años, cuando estudiaba en mi pequeña escuela de nivel primario: Carlos Vásquez Villaseca, conocida comúnmente como “La Tres”. Una compañera mía se desvaneció y, para suerte de todos, este vahído ocurrió mientras ella estaba sentada escuchando clase; su enjuto cuerpo se inclinó bruscamente hacia el compañero del costado. Ese compañero era precisamente yo.  

Jenny se estaba asomando irremediablemente a ese intervalo de tiempo donde ocurren cambios importantes en nuestro organismo: la pubertad. Su hemoglobina estaba muy por debajo de los valores normales y le diagnosticaron un cuadro de anemia. La maestra nos explicó que nuestra compañera no tenía suficiente «hierro» en su cuerpo y estaba segura de que Jenny no se había estado  alimentando adecuadamente.

Luego de una nimia investigación infantil pude conocer que en nuestro cuerpo residen  elementos químicos muy importantes para el adecuado funcionamiento del mismo. Elementos como por ejemplo el hierro, oxígeno, magnesio, potasio, carbono, calcio, sodio, entre otros; que son esenciales para nuestra existencia y, desde luego, para nuestro bienestar. Según esto, una serie de preguntas ahondaron mi curiosidad ¿de dónde vienen esos elementos? ¿Cómo y cuándo se formaron? Al trasladar estos cuestionamientos a los adultos me respondían de manera categórica afirmando que estos elementos están presentes en la naturaleza y que han estado allí desde siempre. Entiéndase por naturaleza, como toda aquella materia que está en nuestro querido planeta y donde no ha intervenido la mano del hombre. Sin embargo, algo en mi ingenuo pensar susurraba insistentemente a mi avizor oído diciéndome que no era así; la respuesta no debía ser tan simple y, sobre todo, sin ninguna argumentación plausible.

Sabemos que la comunidad científica ha aceptado la teoría del Big Bang como el posible origen del universo. Todo empezó con aquella «singularidad», con aquella explosión inimaginable  que fecundó la materia y también al tiempo. Según esta teoría, se considera que los únicos elementos químicos que se pudieron formar minutos después del gran estallido (entre uno a tres minutos) fueron el hidrógeno[1] y el helio. A elevadas temperaturas se convierte en helio liberando cierta cantidad de energía. La ciencia afirma que inmediatamente después del Big Bang la temperatura descendió estrepitosamente impidiendo que se forme una cantidad considerable de helio. En otras palabras, después del Big Bang sólo había hidrógeno, una pizca de helio y casi nada de berilio. En conclusión, si en el principio de los tiempos solo existían tres elementos, entonces ¿de dónde surgieron los demás elementos químicos? ¿De dónde se formó, por ejemplo, el carbono, elemento fundamental para la vida?

 Todo indica que estos nuevos elementos no se formaron  en el Big Bang, sino que se concibieron mucho tiempo después en un lugar fascinante, muy luminoso, y hace miles de millones de años. Este postulado resulta muy interesante; aunque más asombroso es la afirmación teórica  que plantea inclusive, que nosotros somos parte de las estrellas; según la ciencia, todos estamos constituidos de residuos estelares.
Para escrutar esta inferencia—que estamos constituidos de residuos estelares—, debemos de acercar nuestra singular curiosidad a la vida impresionante de las estrellas. Tenemos, por tanto, que conocer la historia de las mismas, desde su concepción hasta su fallecimiento, siendo esto último aún más extraordinario... ¡Empecemos!

Como habíamos descrito, en el principio de todo solo existían hidrógeno y una irrisoria cantidad de helio. Imaginemos al universo en su etapa inicial, todo lo que existía era un gas (el hidrógeno) vagando aparentemente sin rumbo definido por todo el espacio. Poco a poco, las moléculas de este gas, motivadas por la enigmática fuerza de atracción gravitatoria, colapsaron en unos puntos específicos; toda la materia circundante fue atraída hacia cada punto. Pasaron algunos millones de años y cada punto se convirtió en una esfera con un núcleo muy caliente; esto debido fundamentalmente a la gran concentración de moléculas y a la rapidez de los movimientos de estas, y, como sabemos, a elevadas temperaturas los cuerpos emiten una radiación que se traduce en energía luminosa. Podemos decir entonces que, bajo las circunstanciadas descritas:” ha nacido una estrella”.

El nacimiento de una estrella es uno de los acontecimientos más sensacionales en el universo, y se espera una vida duradera (varios miles de millones de años) para este tipo de astros. Pero no todas las estrellas tienen una larga vida; así pues, el ciclo de vida estelar  está imbricado a su masa; es decir, el tiempo de duración de una estrella es inversamente proporcional a la masa de la misma. Por ejemplo, estrellas que tienen una masa de treinta (30) veces que la de nuestro Sol, serán muy inestables y efímeras en el tiempo (vivirán algunos millones de años). Por el contrario, las estrellas con una masa diez (10) veces menor que la masa de nuestro Sol son casi sempiternas.

Cuando la estrella ha visto la luz (en realidad, cuando empieza a generarla), la atracción gravitatoria sigue haciendo su trabajo, concentrando y colapsando más y más moléculas de hidrógeno. La estrella lucha contra la desgarradora, sofocante y agobiante fuerza de gravedad; a mayor masa estelar, mayor será la intensidad de la fuerza de atracción. Si es que no existe algo que detenga a la draconiana fuerza de gravedad, la estrella se dirigirá inexorablemente a su extinción…a su muerte. Es algo paradójico: la misma fuerza que le dio la vida, también será la causante de su muerte. Sin embargo, cuando la temperatura del núcleo de la estrella logra alcanzar  los  diez (10) millones de grados kelvin, aparece una fuerza que contrarresta la atracción gravitatoria. Es una presión hacia el exterior del núcleo, cuyo origen tiene relación con una reacción a nivel atómico: la fusión nuclear. La estrella, por tanto, se mantiene estable básicamente porque existe una equiparación entre estas dos fuerzas: la de atracción gravitatoria y la de repulsión. Esta etapa de la vida de las estrellas se denomina la «secuencia principal».

En la secuencia principal las estrellas se comportan como un colosal e inimaginable horno termonuclear donde se «quema» hidrógeno en el núcleo de la misma. Cuando nos referimos a «quemar» hidrógeno queremos decir que se produce el fenómeno de fusión nuclear del hidrógeno. En este entender, si la temperatura de la estrella alcanza los diez (10) millones de grados kelvin, cuatro (04) átomos de hidrógeno se unen y forman un (01) átomo de helio, liberando gran cantidad de energía que se puede apreciar en forma de luz visible. Por tanto, el brillo de la estrella es la energía que se desprende de la fusión nuclear que convierte hidrogeno en helio, y equivale a la energía de la explosión de miles de millones de bombas atómicas parecidas a la que cayeron en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki en la segunda guerra mundial. La grandiosa idea de que el brillo de la estrella proviene de la liberación de energía producto de la fusión nuclear del átomo de hidrógeno («nucleosíntesis») se la debemos al científico alemán Hans Albrecht Bethe[2] (1906-2005).

La estrella se mantendrá en esta fulgurante y luminosa etapa hasta que agote su combustible, su materia prima: el hidrógeno. Una estrella de masa normal, como nuestro Sol por ejemplo, pasa la mayor parte de su vida en esta fase (la secuencia principal), que como hemos dicho, durará cerca de unos diez mil millones de años. Se estima que nuestro Sol tiene un tiempo de vida de unos cuatro mil quinientos millones de años, y le quedan otros miles de millones más (días más, días menos).
Cuando nuestro Sol agote su materia prima, será el inicio del fin. Las reacciones de fusión nuclear desaparecerán, por consiguiente no habrá nada que contrarreste o se oponga a la fuerza de gravedad, permitiendo a esta nuevamente tomar el control de la situación. Nuestra querida estrella perderá su brillo y luminosidad, por tanto…¡se apagará! En ese momento el núcleo de la estrella estará constituido principalmente de helio y este elemento no podrá fusionarse porque el nivel de la temperatura no es el idóneo. Lentamente, pero con la misma rudeza de siempre, la fuerza de gravedad contraerá la materia en el centro de la estrella y, paulatinamente con una paciencia que dura millones de años, la temperatura de la estrella se elevará. Cuando la temperatura del núcleo llegue a la sofocante cifra de los cien millones de grados kelvin, los núcleos de helio comenzarán a fusionarse; la estrella por tanto, empieza a quemar helio, creando átomos de carbono[3] y desprendiendo, como siempre, energía que se tornasola en luz visible. La estrella nuevamente se enciende, se reanima, se emociona, vuelve a la vida lúcida y en su brillantez se mantendrá quemando helio por varios millones de años. Sin embargo, es importante resaltar que en esta etapa el brillo estelar es mucho menor que en la secuencia principal.

Cuando se agote el helio, la estrella nuevamente se apagará. Otra vez, la fuerza de gravedad colapsará la masa que rodea el núcleo de la estrella, originando un incremento importante en la temperatura del núcleo llegando a varios cientos de millones de grados. La estrella, por consiguiente, empezará a quemar carbono. Este ciclo dinámico seguirá formando átomos más y más pesados. Por ejemplo: magnesio, sodio, neón, oxígeno, azufre, fosforo, hasta llegar al hierro, que es el último elemento que se formará en el núcleo de la estrella; esto debido a que los niveles de la temperatura estelar ya no serán los suficientes para lograr fusionar este elemento. Me queda claro que el mismo hierro que le faltaba al organismo de mi compañera Jenny, es el último elemento que logró formarse en alguna estrella mucho más antigua que nuestro Sol.
Toda esta magnífica conceptualización, de que el origen de los elementos químicos en el Universo provienen del núcleo de las estrellas, es el resultado de un exiguo trabajo teórico de un conjunto de científicos entre los que destacan: Fred Hoyle, Alfred Fowler (1911-1995) y el matrimonio Burbidge —Gepffrey Ronald (1925-2010) y Margaret (n.1919) —.   Es difícil poder nombrar a todos las grandes mentes que han participado en esta idea, pero sin duda los arriba mencionados son los más resaltantes.

Hasta aquí hemos podido comprender que algunos elementos químicos se formaron en el corazón de las estrellas. Es decir, de los  ciento diecinueve (119) elementos químicos que actualmente se conocen, al menos veintiséis de ellos —hasta el hierro que ocupa el puesto Nº 26 en la tabla periódica de elementos químicos, se formaron en el núcleo estelar, en el corazón de las estrellas. Pero ¿cómo estos elementos se desprendieron  del regazo estelar hasta llegar a la tierra? ¿Cómo se formaron los noventa y tantos elementos restantes?
La respuesta nuevamente está vinculada a la masa de la estrella al momento de ser fecundada. Sólo las estrellas con cierta masa podrán propagar elementos químicos hasta los confines del universo. Los científicos dividen a las estrellas por su masa, en tres tipos: (i) estrellas con masa menor al 8% de nuestro Sol; (ii) estrellas con masa similares a la de nuestro Sol y; (iii) estrellas con masa mucho mayor a la de nuestro Sol.

Así pues, si al momento de nacer, la estrella tiene una masa menor al 8% que la del Sol, la fuerza de atracción no será tan intensa para producir el proceso de fusión nuclear y, por ende, no podrá encender a la estrella; estas estrellas son imperceptibles a simple vista. Su vida es muy aburrida y morirán sin dejar rastro ni huella considerable en el universo. A una estrella de estas características  se  le denomina «enana marrón».
Por otro lado, casi el 90% de las estrellas tienen una masa equivalente a la del Sol. Ya hemos comentado que la vida de este tipo de estrellas dura un poco más de diez mil millones de años. En un determinado momento de la ígnea vida de la estrella, las altas temperaturas en el núcleo contribuyen a que las capas exteriores se expandan, por lo que la estrella aumenta considerablemente su tamaño. En este estado, a la estrella se le conoce como  «gigante roja». En el caso de nuestro Sol, se calcula que su radio llegará a una distancia entre las órbitas de nuestro planeta y Marte. Supongo que en ese instante tendremos tanto calor, que no será suficiente tomar un delicioso refresco de tamarindo de las fértiles tierras de Tumbes para mitigar la sed.
Habíamos comentado que la formación del hierro en el núcleo de la estrella es el prólogo del epílogo de la misma, ya que será el último elemento que se formará después de tantas fusiones nucleares. Así pues, miles de años después, la «gigante roja» se contraerá tanto que las capas exteriores se desprenderán formando un compuesto gaseoso llamado «nebulosa planetaria» que rodeará a un resto macizo y compacto de la estrella, que además, es muy brillante; a este resto se le conoce como una «enana blanca».

Lo interesante de este capítulo viene a continuación. Cuando una estrella tiene una gran masa (por ejemplo a partir diez veces mayor que la del Sol), en su fase final se convierte en una «super gigante roja». Al tener una gran masa, la fuerza de gravedad es descomunal y la estrella empieza a colapsarse demasiado rápido; la densidad es inimaginable (por ejemplo, toda la masa de la tierra concentrada en tan solo quince kilómetros); se ha formado un núcleo super macizo  de hierro. Debido al «Principio de Exclusión de Pauli» es imposible que la estrella concentre más masa, la ionización de los átomos genera una gran inestabilidad en el núcleo estelar y al alcanzar una magnitud de 1.5 veces la masa de nuestro Sol, ocurre una descomunal explosión: una «Supernova». La Supernova irradia al universo los veintiséis elementos químicos que se han logrado formar en el núcleo de la estrella,  así como también todos los elementos restantes, los mismos que se fabricarán en el mismo momento del colosal estallido. ¡La estrella ha muerto! La estrella se ha convertido en una nube de gas cósmico que se propagará por todo el espacio.
Con el paso del tiempo estos fósiles estelares formarán otras estrellas, planetas (y lo que existe dentro de ellos). Todos los elementos químicos después del hidrógeno, se han formado en el núcleo de las estrellas y en las Supernovas. Gracias a estas explosiones, los elementos se han irradiado  por el universo. Es decir,  el calcio de nuestros huesos, el hierro de nuestra sangre, el magnesio y potasio de nuestro cerebro, el sodio, el oxígeno y otros elementos que nos constituyen,  llegaron a nosotros a través de una terrorífica explosión.

De acuerdo a esto, somos el resultado de un milagroso proceso de fusión nuclear, los elementos que nos constituyen vienen de los confines del universo, han nacido del útero fértil de alguna hermosa estrella que se desintegrado luego de un explosión colosal; somos la vida resultante de la muerte estelar, la energía que se convierte en materia, y que sin duda alguna somos la materia que regresaremos a ser energía nuevamente.

Finalmente, el cuadro de anemia de mi amiga Jenny, la falta de hierro en su organismo, resultó ser demasiado interesante.



[1]  El hidrógeno es el elemento más  simple y abundante del universo conocido. Casi el 93% de todo el cosmos es hidrógeno; con apenas un protón en su núcleo atómico, ocupa el primer lugar de la tabla periódica de los elementos químicos.
[2] Hans Albrecht Bethe fue un prominente físico nacido en Alemania y de origen. Ganó el Premio Nobel de Física en el año1967 por su descubrimiento de la «nucleosíntesis» estelar.

[3] A la creación de carbono en el núcleo estelar se le llama «Proceso Triple Alfa».  Tres átomos de Helio ( llamado también partícula Alfa) con dos protones cada uno, forman un átomo de carbono con seis protones, y la consecuente liberación de energía

sábado, 18 de abril de 2020



Automatización Robòtica de Procesos ( RPA)

Pienso que, lo que diferencia al Homo Sapiens de las demás especies del reino animal, es la incesante capacidad por transformarse, por reestructurarse, por mejorar su forma de vida, por evolucionar. En este entender, la primera gran transformación de la humanidad fue la Agricultura; yo le denominaría, disculpando el atrevimiento, la transformación agraria. Imagino a ese grupo de humanos, a ese “punta de lanza” que decidió, por alguna innovadora razón, abandonar esas cansadas, estresantes y peligrosas actividades como cazadores, recolectores y pescadores, allá, en el tan lejano neolítico. Nuestros ancestros descubrieron el ciclo de vida de las plantas y crearon una tecnología disruptiva que cambio por completo la visión y el destino de la humanidad. Se transformaron en sedentarios y las urbes empezaron a constituirse.

La otra gran transformación fue la Industrial, nos dimos cuenta que el trabajo draconiano y pétreo, podía ser realizado por las máquinas, por ejemplo, las de vapor; tecnología disruptiva creada para aliviarnos de esas duras y agotadoras jornadas de esfuerzo físico. Empezamos a formar nuestra mente, a invertir más horas de trabajo aprovechando nuestras sinapsis neuronales, para hacer cosas con menos trabajo físico.

Pero sin duda alguna, hasta ahora, la invención de la computadora y la internet, ha constituido la gran transformación de la humanidad; esta tiene varios sabores, etiquetas, matices: desde la revolución de los superconductores hasta lo que hoy conocemos como la famosa transformación digital. Esto último es el súmmum de la elucubración humana, de los grandes, de los pioneros como Babage, Lovelace, Planck, Einsten, Turing, Presper, Mauchly, Von Neumann, Moore, Cooper entre otros; y los actuales como Bernes Lee, Gates, Jobs, Tomnlinson, Brin, Page, Kurzwail ( el autor de la Singularidad Tecnológica) entre otros. Estos señores, cada quien, en su debido tiempo, han contribuido para que actualmente disfrutemos de un conjunto de tecnologías que facilitan nuestra vida y trabajo, siempre y cuando las aprovechemos de manera efectiva.
Es tiempo de transformarse digitalmente, es decir, utilizar la tecnología digital existente para ofrecer mejores servicios a nuestros clientes y/o ciudadanos; pero también, para aliviarnos de tareas monótonas y repetitivas que realizamos usando un sistema informático y que lamentablemente siempre están impregnadas como colesterol en las venas mismas de los procesos de las organizaciones. Estas tareas, así como en la transformación industrial, pueden ser realizadas por máquinas, por máquinas de software, por robots, usando la tecnología RPA, por tanto podemos decir:
"encarga al robot lo que es para el robot y al humano lo que es para el humano".


Para lograr esto, sobre todo en el Estado Peruano, necesitamos el liderazgo inspirador de gente con visión de futuro, disruptiva, que sueñe despierta, que vuele con la imaginación, que sea un avión ultrasónico, flexible y dinámico; personas que sean “punta de lanza”, que hagan camino al andar, que no tengan miedo a fracasar intentando algo nuevo, algo innovador, algo que transformará su área, su entidad, su sector, su país. Necesitamos pensar digitalmente, hacer, errar, corregir, rehacer y volver a pensar digitalmente, necesitamos tener activo nuestro mindset digital. De esta manera podemos usar la tecnología para que contribuya a nuestra gran misión como Estado: ofrecer mejores servicios a nuestros ciudadanos.

Aquí un ejemplo:
https://www.facebook.com/oefa.peru/videos/517186908947994/

domingo, 24 de diciembre de 2017

UNA ROSA EN EL CIELO




Recuerdo un día de noviembre del 2015, suena mi celular, y la persona que llamaba tenía como contacto  Jefa-Ing Pinelo. Recuerdo que estaba en una reunión. 
Me sorprendió la llamada, pero también me pregunté: ¿qué será? Salí de la sala un momento, y esperé la segunda timbrada. Efectivamente, así fue.  La ingeniera Rosa Amelia Pinelo Chumbe, me volvió a llamar y me dijo:

-          Zico, me acaban de llamar de SERVIR.  Me han pedido referencias tuyas. Bueno, les he dicho la verdad.” (SIC).

La ingeniera Pinelo fue mi jefa directa cuando yo trabajé, por muy corto tiempo, en un importante ministerio, de noviembre del 2011 a febrero del 2012. Era la Jefa de la Oficina de Administración y yo el jefe encargado del área de tecnología. En realidad había conocido a la ingeniera Pinelo en el año 2001 en otra entidad del Estado, aunque en ese momento no coordinamos casi ningún tema.

Siendo mi jefa la ingeniero Pinelo, sentí un afecto y admiración. Veía la forma como trataba a sus colaboradores directos e indirectos, y en las reuniones siempre se expresaba con un tono de voz que impregnaba tranquilidad y serenidad en los oyentes, sin dejar de ser altamente efectiva en su comunicación. Una sonrisa desbordante adornaba a este ser extraordinario. Su faz, angelical, inspiraba a los rostros que la apreciaban. En las múltiples coordinaciones que hacíamos,  me decía que esté tranquilo, “haz lo que puedas, sé que hay poco personal, estamos haciendo lo imposible por ayudar a tu oficina”. Era un tiempo en que las horas de trabajo, normalmente se extendían hasta pasadas las 09:30 p.m.

En este tiempo, en las oportunidades que había yo le explicaba la “visión” desde el punto de vista tecnológico que tenía sobre el sector y lo que podíamos implementar siendo, como entidad, el Ente Rector. Mientras yo explicaba (todo atarantado, como siempre) ella me miraba, se alegraba, yo sentía esa mirada de líder que me daba más ánimos para seguir describiendo esta hermosa ilusión.

Lamentablemente nunca pudimos exponerla a la instancia superior, ella me decía que “los de arriba están pensando en otra cosa”, por decir lo menos. La parte operativa nos ganaba y siempre los de arriba pedían cosas urgentes que eran realmente triviales, y que ella estaba analizando otras posibilidades.

Antes de presentar mi renuncia (porque había conseguido un trabajo en otro ministerio) hablé con ella, me fui a despedir y a explicarle las razones de esta decisión. “No te preocupes, te entiendo. En este corto tiempo hemos trabajado bien, hemos hecho lo que está en nuestra manos. También, muy pronto dejaré esta gran Entidad. He aprendido mucho; conceptos como por ejemplo: cosecha de agua, esto es muy especializado” (SIC).

 ¡Que te vaya bien, te lo mereces! Me dijo y me dio un fuerte abrazo.

Hasta antes de la última  llamada, solo había interactuado dos veces con ella, mediante correo electrónico,  algunos comentarios que ella ponía en mis posts de una red social, le mandaba saludos por su cumpleaños y ella también por el mío.  Por ejemplo ella me envió este último 22 de julio este mensaje:

Feliz cumpleaños Zico!!! Que El Señor te siga bendiciendo con salud, el amor de tu familia así como esa gran inteligencia y bondad que tienes! Un gran abrazo.

Me alegraba leer sus saludos. Aunque siempre, por estas fechas, en Navidad, le escribía un correo electrónico saludándola.

Volviendo al comentario de la llamada, en octubre del 2015 me presenté, sin querer,  a un concurso de selección para el cuerpo de Gerentes Públicos de SERVIR.  Fue una sugerencia/indicación de un ex jefe y amigo mío (las anécdotas sobre ese concurso ameritan un artículo completo).  Los amigos de SERVIR llaman a las personas que uno brinda como referencia y que deben ser tus jefes directos. Sinceramente yo no sabía exactamente a que se estaba refiriendo mi ex jefa cuando decía: “…Bueno, les he dicho la verdad” .  Entonces le dije : ¿ingeniera Pinelo, que cosa les dijo?

Les he dicho que  eres poeta, creativo, muy buena gente, además de muy responsable. Mentira, no te preocupes, haz sacado veinte de nota. Les he dicho que trabajaste conmigo y que te fuiste por mejora profesional. (SIC)

La Ingeniero Pinelo formó parte de la primera promoción del cuerpo de Gerentes Públicos y sabía de estos temas. Sobre lo de poeta, creativo, muy buena gente y responsable creo que estaba exagerando.

El 10 de Enero del 2016, recibo un correo electrónico de ella que decía:

Mil felicitaciones Zico!!!! Que todo vaya bien, te lo mereces.”

Adjuntaba unas resoluciones donde salían los ganadores de ese bendito concurso.  Yo, ni enterado.  Pero me alegre profundamente recibir su correo.


Hace poco, menos de dos meses, mientras desplazaba mis dedos sobre la pantalla de mi celular, vi en su cuenta de Facebook, una foto de ella con su risa desbordante y sus grandes anteojos, me emocioné al verla, estaba con sus hijos y con el cabello corto.  Pero cuando mis ojos leyeron minuciosamente cada línea que acompañaba esa fotografía, no pude evitar derramar lágrimas, lágrimas en medio de toda la gente que viaja en el Metropolitano. Me miraban, se extrañaban.  La nota decía:

Jesús dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, 26 y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. (Juan 11: 25-26)
Queridos amigos,
Nuestra mamita Rosita ya descansa con nuestro Padre Dios.
Los que quedamos aquí queremos recordarla y que la recuerden con la gran sonrisa que la caracteriza.
Los invitamos a acompañarnos en este momento y consolarnos en la seguridad de que ella partió a un lugar mejor.
Te amamos siempre mamita bella!
Tus pollitos David, MaTeresa y Carmen
Velatorio San Antonio de Padua - Sala Guadalupe
Av. San Felipe 571, Jesus Maria
Jueves 09/11 desde las 4pm a 10pm
”.


Yo decía ¿qué pasó? ¿Por qué? Me contacté con algunos amigos de la entidad donde trabajamos y me dijeron que ella estaba malita desde hace buen tiempo. “¡No puede ser, ella me mandó un mensaje hace poco… como imaginar que estaba mal!”.  Realmente, sentí su partida como colaborador de ella y se que varios lo sintieron al igual que yo.

Por cosas del destino no pude asistir al velorio, pero quise desde ese momento quise escribir algo sencillo pero profundo, al menos para mí,  porque siempre recordaré a la ingeniera Pinelo como una persona con una calidad humana extraordinaria, tan humana, tan sencilla, tan noble, tan honesta, tan alegre... tan Rosita. 

sábado, 13 de agosto de 2016

NI UNA MENOS


En estas últimas semanas hemos sido testigos del entusiasmo de un grupo de mujeres  que se han organizado de manera planificada  para refregar en el rostro sucio y pestilente de esta sociedad — todavía con una mancha de índole machista—, un paño humedecido con el mejor bactericida social a favor de la mujer: “No al acoso, la agresión física y psicológica”.

¡Me parece bien! ¡Extraordinariamente bien! Considero que esta iniciativa marcará un antes y después en nuestro país con respecto  a nuestra interacción/relación con las mujeres. Es un gran paso. Dar a conocer este terrible accionar de algunos de nosotros, los hombres, quienes por distintos motivos—que no tienen justificación por supuesto—violentan, atentan y agreden al ser más importante de la sociedad: la mujer. ¡Me parece bien esta marcha! Empero, creo que estamos centrándonos en los síntomas y no la enfermedad; ni siquiera reflexionamos sobre la causa de la enfermedad. Me explico mejor. Cuando un «imbécil» hiere a a una dama (ya sea física o psicológicamente) generalmente lo hace cuando se encuentra en un estado de estupidez intenso,  puede estar ebrio, ensimismado en las drogas, consumido por la preocupación, los celos, la frustración, la ira u otra "nota".

Cuando por ejemplo «otro imbécil» aborda a una mujer sola con un bello rostro o una esbelta figura, y le propone palabras indescifrables o actos obscenos en la vía pública o por las redes sociales, generalmente es un tipejo acomplejado, temeroso, con un nivel de autoestima paupérrimo pero por sobre todo: es un cobarde. Si, es un cobarde, porque estoy seguro que si la bella mujer estuviera acompañada por otro hombre este «otro imbécil» no diría ni una palabra.

En estos dos casos: tanto del «imbécil»   como del «otro imbécil»  hemos descrito los síntomas y la enfermedad. Están enfermos, muy enfermos. Pero la pregunta es: ¿cuál es la causa de la enfermedad? ¿Por qué se manifiesta este accionar en la conducta de estos sujetos? Definir las causas es más complejo, y creo que con marchas no basta para sostener una solución en el tiempo. La marcha es un gran avance, si, ¡Pero no basta!

Creo que la sociedad está encubando algunos seres "podridos mentalmente" y los está fabricando con mayor frecuencia. Uno de los brazos tácticos y operativos que tiene la sociedad para avanzar o involucionar son: los medios de comunicaciones y, desde luego, los comunicadores; estos están imbricados en un sistema económico, social y cultural que es muy hipócrita. Es decir, por un lado dicen defender a la mujer y, por otro lado, muestran a la mujer como un simple objeto de intercambio sexual; por un lado se aterrorizan de la ignorancia de las personas (inclusive de estudiantes universitarios) y, por el otro, siguen emitiendo programas que promueven la estupidez como son: los realities y los de programas de espectáculos.  Los mensajes que estos simbiosis ( medios de comunicación/comunicadores) impregnan en los hijos de la sociedad son vitales para la formación de la conducta. Todos los días con un mismo mensaje modelan el comportamiento de la persona... aunque parezca mentira.

Otro factor para estas enfermedades, creo yo, es la descomposición familiar. La familia centrada en valores prístinos está desapareciendo poco a poco. La sociedad ataca a la familia, la familia no tiene como defenderse, se enfrenta a fuerzas realmente poderosas que van destronzando y despedazando a las familias. Por ejemplo, un pequeño que crece en una casa, sin hogar,  sin reglas, sin imposiciones que formen el carácter hacia el bien y respeto a los demás, será una persona enferma en el futuro y predispuesto hacia el daño; salvo excepciones estupendas, donde prevalece el criterio y la inteligencia, sobre los instintos y las heridas de la infancia.

Muchos de nosotros nos identificaremos con el «imbécil» o quizá conel «otro imbécil», eso es bueno, porque el primer paso para mejorar es la identificación de nuestras debilidades y superar nuestros traumas infantiles.Si necesitamos ayuda de profesionales es tiempo de hacerlo, con el objetivo de sanarnos de estas enfermedades. 

Finalmente, es provechosa para la sociedad esta manifestación, este encuentro organizado de un colectivo que busca una sociedad más justa con la mujer. Mi apoyo va desde siempre, desde antes de la marcha, porque considero a la mujer como el ser más importante de la creación, y que junto al varón hacen un complemento perfecto, donde las diferencias suman, si es que nos dejamos llevar  por los preceptos, inteligencia y el amor que Dios ha puesto en nosotros... justo para ser más que felices.  

sábado, 31 de octubre de 2015

LA TEORÍA DEL BIG BANG, EL ORIGEN

Estoy seguro que en algún momento de nuestra vida nos hemos preguntado ¿cómo empezó todo? ¿Cómo surgió el Universo? ¿Cómo se generó el primer átomo? ¿Desde cuándo  respira  el tiempo? ¿Dios lo creó todo? o  es que todo se creó por acción del azar.
Desde hace varias décadas  la comunidad científica ha aceptado una teoría que puede explicar con evidente claridad el origen de la materia existente, es decir, el origen de las galaxias, los agujeros negros supermasivos, los planetas, los ríos, un ser vivo o  un delicioso mango ciruelo de mi tierra natal (Corrales - Tumbes). Esta teoría es conocida como el Big Bang, «la Gran Explosión». Si bien es cierto la mayoría de nosotros tenemos un esbozo general sobre esta teoría e inferimos que “hubo un gran estallido y a partir de allí se generó la materia”, también es cierto que  para el común de los mortales resulta muy ajeno la forma como se  conceptualizó y, sobre todo, cuáles son los sólidos argumentos científicos que soportan esta transcendental teoría, tan difundida y aceptada en el seno científico; aceptada luego de haberse confrontado con otra teoría, muy elegante por cierto: la “teoría del universo estacionario”.
Como soy prácticamente un lego en temas científicos, voy a intentar explicar de manera sencilla, lo que he podido entender, luego de haberme dejado llevar —de manera deliberada— por la curiosidad vehemente que causa en mí ser este tema tan misterioso: la  “Creación del Universo”.

Por muchos años la humanidad ha tenido impregnada la idea de que el Universo es inmutable, imperecedero, eterno; esto se debió básicamente a los postulados de Aristóteles hace cerca de 2,300 años, que fueron adoptados y defendidos por Ptolomeo y, también por la poderosa iglesia católica. Es más, por mucho tiempo  el cerco perimétrico del Universo fue el Sistema Planetario Solar (el Universo según Kepler), y por otro tiempo fue la Vía Láctea (el Universo según Hershel). En la actualidad sabemos que no es así; sabemos que nuestro Universo está en expansión y conformado por aproximadamente cien mil millones de galaxias, y cada galaxia tiene aproximadamente cien mil millones de estrellas. Esta revolucionaria conclusión surgió después de escrutar y analizar el Cosmos de manera científica y con la invaluable ayuda de instrumentos tecnológicos como los modernos telescopios. Pero antes de esta determinación—que el Universo está en expansión—hubieron mentes brillantes que participaron decididamente en el entendimiento de nuestro Universo y predijeron esta verdad extraordinaria: “el Universo está en expansión y que tuvo un principio”.

En esta lectura, vamos a dar algunas pinceladas sobre las ideas más resaltantes de esas ínclitas mentes y, sobre todo, las ideas más recientes. ¡Empecemos!
El movimiento de los planetas — planeta es una palabra de origen griego que significa “errante” — y de los demás astros celestes, siempre fue un acicate para que el ser humano reflexione acerca del Cosmos y/o del Universo. Isacc Newton (1642-1727), quiso entender porque se movían los planetas, es así que propone  la Teoría de la Gravitación Universal para definir la fuerza entre dos cuerpos, a la que él denominó «acción a distancia». Fue una elucubración innovadora; empero, Newton no tenía ni la más remota idea de cómo funcionaba esta fuerza, que se comportaba, según él, como una goma elástica invisible entre dos cuerpos celestes distantes.

Albert Einstein (1879-1955) quiso escudriñar aquella fuerza, la misma que Newton no había podido explicar. Es así que la proactividad de sus prodigiosas neuronas lograron discernir que el  espacio y el tiempo representan un solo ente, al que denominó «espacio-tiempo». El «espacio-tiempo» se comporta como un tejido, como una sábana inmensa, y la presencia de un cuerpo celeste curva este tejido generando una fuerza de atracción que compromete a los cuerpos cercanos. Para entender este concepto, imaginemos una cama elástica— por ejemplo aquellas que usan los gimnastas para hacer sus saltos y volteretas, o aquellas que hay en los juegos para niños—.Colocamos pelotitas de plástico (de 8cm de diámetro) en distintas partes de la superficie. Podremos apreciar que luego de colocarlas se mantienen estáticas, siempre y cuando no exista ninguna fuerza que impulse el movimiento de alguna de ellas. Luego, en el centro de la superficie colocamos una esfera de plomo (de 30 cm de diámetro). ¿Qué sucede? Seriamos testigos al observar, primero, que la superficie plana de la cama elástica se ha curvado hacia abajo, fundamentalmente por la masa de la esfera de plomo; y, segundo, que las pelotitas de plástico han sido atraídas hacia el centro de la cama elástica, justo donde está la esfera con mayor masa. Ahora, trocamos las pelotitas de plástico—de 8 cm—, por unas de plomo; veremos que cada una de ellas ha generado una curvatura hacia debajo de la cama; y es muy probable que ya no se acerquen tan a prisa a la esfera mayor, pero la fuerza aún está presente. Ahora imaginen que esa cama elástica es invisible, si, imaginen viendo como las pelotitas son atraídas hacia la esfera con mayor tamaño. Es así como funciona el Universo, así funciona la gravedad. Existe una fuerza de atracción entre los distintos cuerpos y cada uno ellos, curva el espacio-tiempo circundante. Esta es la explicación del movimiento de los astros en sus respectivas orbitas, incluyendo: satélites, planetas, cometas, sistemas planetarios y galaxias. A esta conceptualización magistral de Einstein sobre el cosmos, se le conoce como Teoría de la Relatividad General (la nueva teoría de la gravitación universal), que fue una adaptación de la teoría que publicó en 1905, la denominada  Teoría de la Relatividad Especial. Con la Teoría de la Relatividad General, Einstein intentó crear una sola, única y elegante teoría que enlace el mundo cercano con el Cosmos.

Tanto Newton como Einstein confiaban plenamente en el paradigma de un Universo estático, impertérrito y eterno. Einstein siempre quería saber  por qué Dios habría creado el Universo tal como es. Se preguntaba si Dios había tenido que elegir entre una serie de Universos, para poder quedarse con el nuestro. Pero la innovadora teoría de la gravedad  de Einstein le trajo varios dolores de cabeza y algunos cabellos caídos al ya famoso y admirado científico. La misma teoría que le había dado tanta fama, se convertiría en una piedra en el zapato o mejor dicho, ¡una piedra en cada zapato!

Tanto Einstein así como otros importantes científicos—que revisaron a profundidad las ecuaciones de  la Relatividad General—, se dieron cuenta que el Universo no debía ser estático, ni mucho menos inmutable. Si el universo fuera estático, la fuerza de gravedad no hubiera permitido que se desarrollen los planetas, ni las estrellas, ni siquiera hubiéramos podido disfrutar de un delicioso ceviche de conchas negras; simplemente no hubiera existido nada, ya que todo, según esta teoría, tiende a la atracción ¡Algo tan simple de entender!

Ante esto, asomó la soberbia y arrogancia de Einstein o si queremos etiquetarlo mejor, la falta de claridad mental del mismo, para no aceptar una realidad al menos latente teóricamente: “el Universo no debe ser estático”. Para mantener su idea de un Universo inmutable, Einstein acomodó las fórmulas de su Teoría de la Relatividad General; así pues, agregó la denominada «constante cosmológica» para solucionar el problema. Esto era una argucia matemática y representaba una fuerza que tenía la función de repeler a los cuerpos entre sí, y evitar que el Universo se contraiga—asegurando un Universo estático—; esta fuerza tiene la misma intensidad de la fuerza de la gravedad, pero en sentido contrario. Más tarde Einstein se iba a lamentar profundamente por esta estulticia y lo iba a considerar como el error más grande de su vida.

Fueron importantes lo trabajos del astrónomo holandés  Willem de Sitter (1872-1934)  y del meteorólogo ruso Aleksandr Fridman(1888-1925). Este último propuso la teoría de un universo en expansión, basado en la Teoría de la Relatividad General de Einstein. Pero como sucede muchas veces en la ciencia, nadie dio eco a este postulado en esa época—primera mitad de la década de los años veinte del siglo pasado—, básicamente porque iba en contra de la mente más brillante de los últimos tiempos.
Un desconocido, pero genial astrofísico y cosmólogo belga, con estudios en una de las mejores universidades del mundo: la Universidad de Cambridge, apareció en la escena científica mundial. George Lemaitre (1894-1966) era su nombre, y había estudiado profundamente la Teoría de la Relatividad General. George había sido alumno de otro gran científico: Sir Arthur Eddintong (1882-1944). Eddintong fue el que validó experimentalmente la Teoría de la Relatividad General de Einstein, y el encargado— sin proponérselo— de convertir al ex trabajador de la oficina de patentes de Suiza, en una celebridad mundial. George Lemaitre llega a la misma conclusión teórica que Fridman. Se dice que en ese tiempo—los años veinte de siglo pasdo— sólo dos personas a parte de Einstein podían entender a cabalidad la Teoría de la Relatividad General: Eddintong y Lemaitre.

Lemaitre desde la perspectiva científica plantea que el Universo está en expansión, asimismo, siendo coherente con su predicción, argumentó que si el Universo se está expandiendo, en algún momento del pasado éste debió ser más pequeño; en otras palabras, en un determinado momento tanto el tiempo como la materia  tuvieron un inicio. Esta fue su propuesta más atrevida, pero tenía lógica. A ese inicio, él lo denominó el «Átomo Primigenio», el cual tenía una densidad inimaginable, casi infinita, que explotó gracias a mecanismos cuánticos que promovieron un estado inflacionario a gran escala y en milésimas de segundos se expandió considerablemente formando toda la materia existente. Lemaitre consideraba que toda la materia se originó con la energía irradiada de una explosión colosal; fue una predicción innovadora y que calzaba con las predicciones teóricas basadas en la Teoría de la Relatividad General de Einstein. Se comenta que Lemaitre le explicó a detalle su teoría a Einstein, y el soberbio científico le dijo: “sus cálculos son correctos, pero su conclusión es abominable”; en otras palabras, vilipendió los postulados de Lemaitre.

Resumiendo esta primera parte, Einstein había ideado la Teoría de la Relatividad General, donde describía la fuerza que existe entre los cuerpos celestes. Había postulado el concepto de espacio-tiempo, y sobre todo, demostraba matemáticamente el porqué del movimiento en órbitas de los planetas. Al analizar y desarrollar las ecuaciones de la Teoría de la Relatividad General, ésta llevaba a la conclusión de que el Universo se estaba expandiendo. En esa época, se tenía la idea de que el Universo era estático, y Einstein convencido de esta conjetura se negó a darle crédito a su propia teoría, creando una constante cosmológica que cumplía la función de equiparar la fuerza de expansión y mantener el Universo en su estado de inacción, en estado inmutable. Lemaitre plantea que el Universo se estaba expandiendo, pero su mayor propuesta era que el Universo había tenido un origen, un comienzo, que todo había surgido de un «Átomo Primigenio», y que éste había explotado generando toda la materia existente. ¡Ah, me olvidaba! Este extraordinario científico era un sacerdote católico, monseñor Lemaitre.
Para que una teoría sea aceptada por la comunidad científica, debe ser validada con la experimentación o la observación; y sus predicciones deben ser contrastadas con las medidas que se realicen. Entonces debemos preguntarnos ¿Cómo se validó o corroboró la teoría del sacerdote belga? ¿Cómo se validó o corroboró que el Universo está en expansión? ¿Cómo se validó o corroboró que hubo una gran explosión? ¿Cómo se aceptó la Teoría del Big Bang? Vamos a desarrollar esta segunda parte y veremos la contundencia de la propuesta de Lemaitre.

En primer lugar, Lemaitre debía de luchar contra el encono y el óbice de una comunidad científica que no apreciaba esta teoría por considerarla apegada al creacionismo, y viniendo de un sacerdote católico con mucha más razón. Quien iba a dar crédito a esta ilusa teoría y no hacer caso a las consideraciones de Einstein, la mente científica con mayores dotes de genialidad. Pero ocurrió algo extraordinario. Desde el otro lado del mundo, en Norteamérica, desde las imponentes montañas que dominan la ciudad de los Ángeles, en los Estados Unidos, un incisivo y persistente astrónomo, algo sátrapa y altanero por cierto, haría un descubrimiento impresionante y que revolucionaria la imagen y concepción del Universo de esa época (la década de los veinte). Edwin Hubble (1889-1953) había observado el cielo nocturno por mucho tiempo desde un impresionante telescopio ubicado en Mount Wilson, y logró determinar que las manchas blancas nocturnas en el cielo, no son nebulosas o restos de gases, como se consideraba en ese tiempo, sino que eran galaxias como la nuestra—aunque en ese tiempo se las denominaba nébulas—. En otras palabras, en ese tiempo, nuestro Universo era la Vía Láctea y todo estaba circunscrito  en su entorno. Sin embargo, con este descubrimiento nos dimos cuenta que el Universo es mucho más grande de lo que habíamos pensado. Si bien es cierto, esto ya era un remezón en el seno científico, Hubble hizo otro descubrimiento: “Las galaxias se están alejando unas de otras”; y sobre todo “se están alejando a gran velocidad”. La velocidad de expansión es proporcional a la distancia entre ellas, es decir, mientras más alejadas están, más rápido se separan. Actualmente  a este descubrimiento se le conoce como “La Ley de Hubble”. Hubble había descubierto que el Universo se estaba expandiendo, Hubble había validado la Teoría de la Relatividad General, Hubble había validado en parte el postulado de Lemaitre. Einstein tenía la imperiosa curiosidad de conocer al “mayor Hubble” y se entabló una reunión alucinante entre el más afamado y extraordinario científico, con cabello hirsuto, y un astrónomo más o menos conocido, con una sobriedad y pulcritud al vestir, al mismo estilo inglés. Hubble invitó a Einstein a conocer las instalaciones de Mount Wilson, el mismo que quedó impresionado por la majestuosidad de la infraestructura. Einstein observó con atención todas las placas fotográficas que había realizado Hubble con el telescopio mientras escuchaba con atención las contundentes  explicaciones del astrónomo; e inclusive  Einstein observó detenidamente con este instrumento una estrella, una enana blanca. Luego de está estancia en Mount Wilson, Einstein aceptó que estaba equivocado al inferir un universo estático; la mente más brillante de esa época aceptaba—con las luces de la evidencia científica—  que el universo, nuestro universo, se estaba expandiendo, validando en parte a Lemaitre.

Recuerden que eran dos los postulados de Lemaitre: a) El universo está en expansión y, b) el Universo tuvo un inicio, hubo un átomo primigenio.
Cuando Hubble planteó la fecha estimada del nacimiento del Universo —con esto se podría validar el segundo postulado de Lemaitre, es decir, hubo un inicio—, los cálculos fueron paupérrimos. Hubble concluyó que el Universo debió haber nacido hace mil millones de años, cuando ya en ese tiempo se sabía que la tierra tenía cuatro mil millones de años; era a todas luces una inconsistencia total. Los métodos que Hubble había tomado para la predicción era correctos pero los cálculos estaban equivocados. Esta situación causó la mofa de la comunidad científica hacia el sacerdote belga y su innovadora teoría.
La teoría de Lemaitre era  una elucubración extraordinaria, plausible por cierto, pero salida de las sinapsis neuronales de un sacerdote católico, y que sin bien es cierto, tenía estudios científicos importantes, la clase científica no tomaba con interés los postulados de éste, por considerarlos una propuesta que enmascara el creacionismo. Es más, el mismo papa Pio XII —juntando agua para su molino— expresó que la teoría de Lemaitre era la representación del Génesis. Sin embargo, Lemaitre a través de una carta muy respetuosamente, dejó claro que el planteamiento de la  teoría obedece a un contexto netamente científico, y que las predicciones de la teoría deben ser comprobadas y verificadas desde ese contexto; otro es el tema religioso, y que transita por una cuerda separada, aunque hacia el mismo destino: saber la verdad. La ciencia se preocupa por el cómo suceden las cosas, mientras que la religión se preocupa por el porqué de las cosas.
Lemaitre tuvo que esperar varias décadas para saborear la alegría de escuchar la confirmación de sus predicciones: que el Universo surgió de una gigantesca explosión. Pero antes de esta conclusión esta teoría tuvo que enfrentarse a otra, elegantísima por cierto, la Teoría del Estado Estacionario.

Con Lemaitre arrinconado y con su teoría arrojada temporalmente al tacho de la basura científica, los cuestionamientos sobre la creación del Universo aún dominaba las cavilaciones nocturnas de varios científicos de la época ¿El Universo tuvo un inicio? o, ¿Siempre estuvo allí? La comunidad científica empezó a escuchar con atención los postulados de otro gran astrofísico británico, un carismático, elocuente y sarcástico Fred Hoyle, desde el Trinity College, también de Cambrige. Fred Hoyle junto con Tommy Gold y Hermann Bondi, plantearon la Teoría del Estado Estacionario. En resumen, esta teoría afirmaba que el Universo no era estático, que se estaba expandiendo —en concordancia con  el descubrimiento de Hubble—pero que siempre era el mismo, el volumen del Universo no cambiaba, se mantenía incólume, en un estado estacionario lo que permitía al Universo existir por toda la vasta eternidad. Para compensar la disminución de la densidad del Universo debido a la expansión, Hoyle plantéo que en algún lugar del Universo la materia se está creando de manera continua; este lugar era nada más ni nada menos, el corazón de las estrellas muy calientes y conceptualizó un fenómeno denominado Nucleosíntesis, que consiste en que a partir de las átomos de hidrógeno —con un protón— y a grandes temperaturas, los núcleos de éstos se sintetizan y  generan  nuevos átomos mucho más pesados —más de un protón— los mismos que se irradian al Universo; en otras palabras, el helio, berilio, carbono, nitrógeno e inclusive, el hierro que forma nuestros glóbulos rojos, el calcio de nuestros huesos, o el potasio de nuestras neuronas, se han formado en el útero hirviendo de las estrellas. Estamos hechos por las estrellas por las estrellas, literalmente hablando.

Ya en esa época se sabía que el elemento con mayor presencia en el Universo es el hidrógeno conjuntamente con el helio, ellos forman el 74% de la materia observable. Era una teoría elegante, plausible, pero cuando Hoyle se topó con las preguntas de algunos científicos enconados, los mismos que le preguntaron sobre el origen del hidrógeno, es decir, de donde se origina el hidrógeno, Hoyle no supo qué contestar. Sólo afirmó que el hidrógeno ha existido desde la eternidad; una respuesta que no satisfizo las expectativas de los científicos contrarios  a la teoría del estado estacionario. Irónicamente fue Fred, el que acuño el término “Big Bang”  para la teoría del átomo primigenio, en un espacio radial que conducía, y lo hizo para mofarse de la propuesta de Lemaitre. Hoyle, a pesar de no poder explicar cómo surge el hidrógeno se mantenía en el pedestal científico como la mente que más cerca estaba de explicar el origen de todo…pero apareció George Gamov.
El ruso Gamov se inclinaba por las predicciones de Lemaitre, y planteó una teoría que complementaba a la del monseñor. Gamov propuso que si el átomo primigenio o huevo cósmico (como él lo llamaba) dio lugar a una gran explosión, la radiación residual producto de ésta, debe estar allí, pululando en la inmensidad del espacio, y que nosotros en algún momento tendremos la capacidad de medirla o captarla, y al hacerlo, podremos determinar que hubo una gran explosión inicial.

El concepto de radiación residual es sencillo. Imaginemos que estamos a cinco (05) kilómetros de un lugar donde explotará una bomba atómica. Luego de la explosión, en pocos segundos la onda expansiva pasará por nuestro lugar arrasándolo todo, no quedaría nada, ni siquiera una canita de las miles que tengo. Este fenómeno seguirá expandiéndose por todo el espacio que sea necesario, de acuerdo a la intensidad de la explosión. Estoy seguro que luego de un tiempo, un año, dos años e inclusive 30 años, la zona cercana a la explosión aun tendrá rezagos de esa radiación, tal como ocurrió por ejemplo, con la explosión de la central nuclear de Chernóbil en Ucrania allá en 1986. Ese mismo concepto, aunque mucho antes, lo usó Gamov y un equipo de zagales científicos, para referirse a la radiación producto del Big Bang; ellos afirmaron que la radiación está allí en el Universo, sólo que no se tenían los instrumentos adecuados para poder medirla, él la denominó “radiación del fondo cósmico de microondas”.

Efectivamente, el suspiro del Big Bang estaba allí, susurrándonos al oído, pero no podíamos escuchar, hasta que aparecieron dos científicos que cambiaron la historia. Este acontecimiento fue el némesis de la Teoría del Estado Estacionario. Fueron, Arno Penzias y Robert Wilson, los mismos que estaban haciendo investigaciones en el campo de las telecomunicaciones para los Laboratorios Bell, que al instalar algunos equipos de comunicación (específicamente un radiotelescopio), empezaron a escuchar un ruido extraño y que era constante. Primero pensaban que era un tema relacionado con  excremento de palomas que había caído en las antenas, luego pensaban que era por la dirección y ubicación de las mismas, pero se percataron que este ruido venía de todas partes, no sabían que era y cuál era su origen. En ese mismo tiempo, Robert H. DickeJim Peebles, y David Wilkinson, astrofísicos de la Universidad de Princeton  se disponían a buscar la radiación de microondas remanente del Big Bang. Penzias y Wilson buscaron a Dicke y le comentaron el extraño descrubrimiento. Dicke y sus colegas, luego de un minucioso trabajo, corroboraron  que las ondas relacionadas a este ruido venían del espacio exterior, este ruido era la radiación residual, el fondo cósmico de la gran explosión expresado en microondas, era la firma manuscrita del  Big Bang.

Es así que la comunidad científica aceptó mayoritariamente que el Universo surgió de una gran explosión; ya en la década de los 60 se tenían equipos más sofisticados, los mismos que permitieron determinar que la explosión ocurrió hace trece mil setecientos millones de años (días más, días  menos). Arno Penzias y Robert Wilson ganaron el premio nobel por el descubrimiento de la radiación del fondo cósmico de microondas. Gamov sería afamado por la comunidad científica, al elucubrar la teoría del fondo cósmico de microondas y  que complementaba magistralmente  la teoría de Lemaitre.

En un humilde hospital belga, en su lecho de muerte, el monseñor Lemaitre recibía las noticias de los últimos descubrimientos, su palpitar pusilánime contrastaba con la alegría de saber que sus predicciones acerca de la creación del Universo se corroboraban. Una teoría conceptualizada con un tamiz religioso para muchos, era confirmada por la exigente y enconada comunidad científica. El monseñor Lemaitre, no tuvo hijos, pero se le considera por unanimidad el padre de la teoría del Big Bang. 

domingo, 13 de septiembre de 2015

LOS IMPORTANTES DOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA

Para muchos científicos es insignificante investigar sobre el desarrollo, emociones, sentimientos y pensamientos de nosotros, los humanos, en la ventana de tiempo que transita entre los 0 a 2 años de edad. No es importante, dicen. Básicamente porque no podemos expresar con un lenguaje entendible nuestros miedos, alegrías, angustias. Sólo lloramos, balbuceamos o simplemente gritamos, moviendo nuestros brazos o piernas sin ton ni son. Que desidia investigar la psique de los neonatos. Si tienen miedo, lloran; si tienen hambre, lloran; si tienen gases, lloran; si están escaldados, lloran. En esa edad no creamos nada, no articulamos nada, no enhebramos ningún pensamiento, no es interesante, dicen.

Empero, no todos los científicos piensan así. La psicoterapeuta británica  Sue Gerhardt ha dedicado casi toda su vida profesional a investigar la relación que existe entre el afecto que le brindamos a los pequeños y el desenvolvimiento en su vida adulta; y francamente sus investigaciones deben de ser difundidas con mayor vehemencia.


Gerhardt está plenamente convencida de que los problemas de delincuencia juvenil, así como el consumo  de drogas y alcohol, problemas de lenguaje, comportamiento inadecuado   e inclusive las tendencias al suicidio adolescente y juvenil, tienen su origen en el precario cariño, atención, y afecto brindado al pequeño en los primeros dos años de vida.

Las estadísticas son claras, no mienten, están allí para probar que el suicidio adolescente y juvenil se ha triplicado en los últimos diez años, sobre todo en las sociedades más desarrolladas. En la investigación comprobó que la gran mayoría de adolescentes y jóvenes que se suicidaron  no tuvieron el amor y el afecto de su madre en los dos primeros años de vida. Es más, ella concluye que el amor es un agente modulador para el adecuado crecimiento del cerebro en esa edad, sobre todo en la parte frontal del cerebro donde se encuentran las neuronas encargadas de soportar la  parte emocional del ser humano. Debemos de saber que en los primeros dos años el cerebro se desarrolla  considerablemente y a los cinco se ha desarrollado hasta en un 80%. De allí la importancia de esa precoz etapa del desarrollo humano, que los científicos le han denominado el “Cero Emocional”.En esta etapa se afinan nuestras neuronas emocionales para nuestro  futuro desenvolvimiento psico emocional; es algo parecido a afinar los instrumentos musicales antes de un concierto. Si no se ajustan correctamente tendremos problemas de desafinación en cualquier pieza musical que se toque.

El cuestionamiento cae por su propio peso ¿qué tiene que ver el amor con el desarrollo del cerebro en los bebés? ¿Qué tiene que ver el cariño, el afecto, las caricias de la madre con el futuro desarrollo psicológico de la persona?

En principio debemos de expresar que nosotros durante los 9 meses del embarazo hemos estado en un ambiente cálido, a gusto, nos hemos sentimos protegidos amados, aunque no lo recordemos.
Al nacer experimentamos un cambio abrupto, nos enfrentamos a situaciones desconocidas y que nos dan muchísimo temor.  El único ser familiar con el que nos sentimos seguros de manera inconsciente,  es nuestra madre, nuestra querida madre.  Con su cariño, su afecto, su atención, su mirada, su sonrisa y sus dulces palabras van tejiendo sin querer y sin saber la adecuada formación de nuestro cerebro y dando pinceladas precisas para nuestro comportamiento y desenvolviendo en el futuro. Es sabido que el ser humano no está adaptado para soportar ingentes cantidades de  Cortisol  — la hormona de estrés— de manera frecuente; los bebés muchos menos. Cada vez que el bebé se queda solo, entra en un shock tremendo porque piensa que morirá, que no sobrevivirá, el pequeño depende completamente de los adultos; entonces la descarga del Cortisol en sangre es considerable y sabemos que el Cortisol tiene efectos muy perjudiciales en el  cuerpo desde problemas estomacales, diabetes, atrofia muscular, y un sin número de enfermedades; en el caso del bebé, además de estos posibles males, se inhibe el crecimiento de ciertas partes del cerebro e impregna en sus neuronas una serie comportamientos que se verán reflejados en el futuro.  En cambio, con una caricia maternal y sobre todo con el hecho de ser amamantado por la madre, se desprenden en el bebé una serie de hormonas que producen un efecto placentero y que generan un vínculo sempiterno entre el bebé y mamá. “Cuando un bebé mira a  su mamá, ve a una mamá que lo está mirando”  concluye la psicoterapeuta.

Cuántas veces hemos caído en  el error de tomar una actitud pusilánime y egoísta ante el llanto de nuestro hijo y hemos exclamado: “Déjalo porque si no se va acostumbrar a los brazos”, con este accionar no hemos estado contribuyendo en su desarrollo emocional y psicológico futuro. Por otro lado,  como comenta Gerhardt, la madre es fundamental en el desarrollo del bebé; sin embargo, actualmente el tiempo de la madre es limitado, debido a los nuevos roles que ofrece la sociedad moderna— y que además lo está haciendo mejor que el varón— , entonces debemos encontrar una solución para que el bebé tenga el amor de su madre que  necesita para desarrollarse mejor; porque de  lo contrario tendremos mujeres liderando estupendamente las mejoras empresas o instituciones y a la vez,  se están gestando en el útero de la sociedad personitas con problemas de comportamiento que traerán un inconvenientes mayúsculos en el futuro.

Obviamente que siempre existirán  excepciones; sin embargo, promover la relación madre-hijo en esa etapa tan importante de la vida es fundamental para todos: para la madre, para el bebé, para el Estado y para la Sociedad.


Libro recomendado:
Porqué somos lo que somos.

 Eduardo Punset.

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